Conclusiones. Energía y Género. Lecciones Aprendidas en Centroamérica

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La pregunta básica que toda persona involucrada en una intervención energética con enfoque de género debe tener en mente es:

¿El acceso a un servicio energético mejorado va a ser una variable clave para el empoderamiento de hombres y especialmente de mujeres?, y

¿La igualdad de género va a ser una variable clave para el éxito de las intervenciones energéticas? (Cecelski, 2004).

La energía debería ser parte de una estrategia para mejorar la posición de las mujeres en la sociedad, y debe contener acciones afirmativas, es decir, medidas temporales que beneficien directamente a las mujeres y que les permitan superar la brecha de desigualdad.

En este sentido, es importante concebir los proyectos energéticos como instrumentos para abordar las inequidades de género y promover cambios en las relaciones entre hombres y mujeres existentes, buscando el empoderamiento de estas últimas.

Para ello, la introducción del enfoque de género en las intervenciones energéticas debe ir más allá de una racionalidad basada en el bienestar de las mujeres y de sus familias; debe buscar la equidad entre hombres y mujeres, y en último término, contribuir a la mejora de su posición dentro de la sociedad.

- El primer paso es reconocer y comprender que las diferencias de género importan y deben tenerse en cuenta en las actuaciones energéticas.

- En segundo lugar, conocer la realidad de la comunidad a través de un análisis de género que se basa en información cuantitativa y cualitativa desagregada por sexo.

Este análisis revelará que las mujeres realizan un trabajo invisible que llevan a cabo diariamente con insumos energéticos indispensables para la supervivencia de sus unidades domésticas y, por ende, para las economías de sus países.

Una mirada de género permitirá hacer visible lo invisible, y poner sobre la mesa de planificadores energéticos, la necesidad de analizar y comprender los diferentes roles y necesidades existentes entre hombres y mujeres en relación a la energía. A partir de esta información, las intervenciones podrán contar con medidas específicas de género que faciliten y maximicen los beneficios que pueden tener en las mujeres.

Esto puede significar en el caso de los proyectos energéticos un mayor énfasis en la participación, capacitación y el acceso al crédito por parte de las mujeres. De esta manera, las mujeres dejan de ser pasivas beneficiarias y pasan a ser actoras de su propio cambio, de su propio desarrollo.

En tanto la falta o escaso acceso a la energía es un problema que afecta a hombres y mujeres es necesario buscar soluciones conjuntas. Sin embargo, para que todo esto sea posible necesitamos una mayor sensibilización y formación en género dentro del sector energético en general y también dentro de nuestras propias instituciones y organizaciones.

Sólo así las intervenciones derivadas de políticas, programas y proyectos energéticos serán capaces de incorporar un verdadero enfoque de género tanto en su formulación como en su implementación.

De las experiencias sistematizadas es posible concluir que la no incorporación del enfoque de género resulta una oportunidad perdida para trabajar temas de género con la comunidad destinataria. Así, si bien aquellas experiencias en las que no se han planteado la equidad de género como un objetivo explícito, han tenido un cierto impacto en la calidad de vida de las mujeres, por ejemplo, disminución de la jornada de trabajo destinada a la preparación de alimentos, acarreo de agua y leña, mejores niveles de salud, entre otros; la mayoría de estos proyectos han continuado reproduciendo los roles tradicionales que asignan a las mujeres la responsabilidad exclusiva del ámbito doméstico y limitan su acceso a los recursos y a los beneficios y oportunidades que de ellos se derivan.

Las iniciativas que, por el contrario, se han planteado el reto de contribuir a relaciones más justas entre mujeres y hombres, han logrado repercutir más en el replanteamiento de las condiciones de género, iniciar una redistribución de tareas en las familias y fortalecer las capacidades productivas y organizativas de las mujeres.

Fuente: UICN, 2004.

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