Introducción. Energía y Género: Lecciones Aprendidas en Centroamérica

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Resulta incuestionable la influencia de la energía en el desarrollo económico y social.

Sin embargo, más de dos mil millones de personas en los países en vías de desarrollo, especialmente de zonas rurales, satisfacen sus necesidades energéticas a partir de fuentes tradicionales como la leña, el carbón vegetal y el estiércol, careciendo de servicios energéticos modernos y eficientes (UNDP, 2000).

La importancia de la energía como medio para lograr mejoras en las condiciones de vida de las personas es enorme. Por ello, la falta de servicios energéticos o su inadecuación tiene un impacto múltiple en los diferentes ámbitos de la misma (salud, generación de ingresos, educación, medioambiente, etc.) y contribuye en gran medida a la perpetuación de la pobreza en nuestro planeta.

El reconocimiento de las vinculaciones directas de la energía con otras dimensiones del desarrollo ha conllevado que en las dos últimas décadas los proyectos de esta índole superen una visión exclusivamente técnica e incluyan una orientación más integral. Este nuevo enfoque permite considerar la energía como un medio poderoso para avanzar hacia los objetivos económicos, sociales y medioambientales deseados (DFID, 2002).

La experiencia muestra que, para que este cambio de perspectiva resulte eficiente y sostenible, debe prestarse más atención a los aspectos de género y al vínculo existente entre las mujeres y la producción, distribución y utilización de la energía.

El esfuerzo mundial de lucha contra la pobreza se ha manifestado en el sector energético en el compromiso de reducir a la mitad el número de personas que no tienen acceso a combustibles limpios y electricidad para el 2015 (UNDP, 2000).

Los aspectos de género se han reforzado también explícitamente con el Objetivo de Desarrollo del Milenio número tres:promover la igualdad de género y empoderar a las mujeres (Cecelski, 2004; DIFD, 2002).

No obstante, y a pesar de los avances a nivel local, nacional e internacional, el sector energético es aún poco sensible al tema de género (Clancy et al., 2004). Actualmente, aunque la inclusión de las mujeres en la formulación de los proyectos energéticos y en su implementación a nivel local se considera clave para el éxito y la sostenibilidad de los mismos, la falta de participación femenina, especialmente en los niveles de diseño y toma de decisión de dichos proyectos, es frecuente, y se ha considerado como una de las causas del fracaso de muchas iniciativas (Rukato, 2002).

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