Rehabilitación, Mantenimiento y Conservación de Cubiertas: Historia

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LogoFLC.PNG Nota: Este artículo ha sido creado gracias a la Fundación Laboral de la Construcción en el marco del Programa de Afiliados de la Construpedia. El contenido pertenece a la publicación Rehabilitación, Mantenimiento y Conservación de Cubiertas disponible en el sitio web Fundación Laboral de la Construcción

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Historia

Es interesante hacer un recorrido, breve, sobre la cubierta y su evolución a lo largo de la Historia.

Desde el principio de los tiempos el hombre siempre ha tenido la necesidad de refugiarse y protegerse del medio, de los agentes climatológicos, de los animales, de otros hombres, etc. Una vez que abandona la cueva, pasa a la choza, que tiene una cubierta que cierra el espacio en su parte superior. Para ello recurre a lo que encuentra en su medio natural: ramas, troncos, paja, pieles de animales o incluso piedras que va colocando de manera solapada. Asimismo, enseguida se da cuenta de que tiene que colocar los citados elementos inclinados para evitar que se acumule el agua y se moje el interior. Este caso se aprecia en la figura 1:

Figura 1. Reconstrucción de una choza primitiva en el yacimiento arqueológico de la ciudad de Numancia (Soria)

En las primeras civilizaciones, por ejemplo Egipto, empleaban tanto un sistema adintelado, cubierto por madera u hojas de palmeras, como un sistema de bóvedas primitivas.

Pero es en Mesopotamia donde aparecen los primeros ejemplos de “cubiertas planas” con la ejecución de los célebres Jardines colgantes de Babilonia. Se trataba de un sistema de construcción muy especial en el que se usaba como material básico el adobe, ya que en esta región la piedra es muy escasa. Para la ejecución de dichos Jardines se construyeron unas terrazas escalonadas sobre pilares impermeabilizadas con betún, que era un material abundante en estas tierras, en las que se plantaron árboles y otras especies vegetales.

El agua de riego se subía por unas norias a los distintos niveles.

Esta obra constituyó una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo y la construyó Nabucodonosor VII para su esposa, la reina Semiramis, ya que venía de otras regiones montañosas, pobladas de mucha vegetación, y la planicie de Babilonia le producía añoranza (figura 2):

Figura 2. Jardines colgantes de Babilonia. Fuente: Martin Heemskerck. Siglo XVII

En Grecia se desarrolla la cubierta de madera, ventilada, vista por sus dos caras, protegida por elementos cerámicos o de piedra solapados.

En Roma hay soluciones más complejas; se empleaban las estructuras de madera, bóvedas y cúpulas de “hormigón romano”. Estos edificios singulares, como el Panteón de Roma, se cubrían con tejas de bronce o de cerámica unidas con una especie de mortero. Las tejas romanas, las tegulae, podían llegar a pesar 12 kg; también se utilizaron como sistemas de cubrición ladrillos colocados en plano, recibidos en el mortero de las bóvedas. Hay noticias de que en Roma había cubiertas planas sobre estructuras abovedadas.

La arquitectura bizantina, seguidora de la romana, incorpora el ladrillo como elemento resistente, impermeabilizado con vertidos de arcilla y teja.

La cubierta medieval se desarrolla mediante las estructuras de madera y las bóvedas de piedra. Los sistemas de impermeabilización son los ya conocidos, a base de rellenos de arcillas. Las pendientes son muy acusadas, lo que obliga a que los materiales de cubrición: teja, madera, pizarra, que trabajan por solape, tengan un buen sistema de sujeción. Los sistemas de evacuación de las aguas están muy desarrollados, como las fantásticas gárgolas que se ven en nuestras catedrales góticas.

Esta cubierta medieval convive con las cubiertas de los edificios de la arquitectura musulmana, acabados con las “tejas árabes”, vidriadas de colores: azul, verde, etc., que existen en muchos países: Marruecos, Siria, etc. e, incluso, en España: en Córdoba la Mezquita, en Sevilla los Reales Alcázares, en Granada la Alhambra, etc.

Entre el Renacimiento y el siglo XIX se produce el desarrollo de varios sistemas: la pizarra sobre elementos de madera; los canalones son de cerámica teñida al aceite y los baberos, encuentros y solapes de plomo; la madera se emplea como tejas, protegidas con aceite y pintadas con pintura roja o negra cada dos años; incluso se llega a emplear la paja de centeno sujeta a las correas en haces. En el siglo XVIII aparece un sistema de construcción que dará lugar a las “cubiertas a la catalana”, de las que se hablará en otros artículos.

En el siglo XIX se perfeccionan los sistemas estructurales de las cubiertas con el empleo del acero y el hierro. Los elementos de fundición se utilizaban con el desarrollo del ferrocarril, como muestran las cubiertas de las estaciones, los puentes e incluso las cubiertas de los patios acristalados que cubren muchos de nuestros edificios singulares (figura 3):

[[Archivo: RMCCFig3.png|centre|frame|Figura 3. Estructura de hierro de un lucernario del antiguo Ministerio de Agricultura (Madrid)

En el siglo XX se siguen empleando, aunque más perfeccionadas, las cubiertas tradicionales de teja, pizarra, uralita, elementos metálicos y los paneles sándwich, tanto de madera hidrófuga como de chapa ondulada, etc. Los nuevos materiales permiten conseguir realizaciones muy interesantes, como la ampliación del Museo Reina Sofía de Madrid, del arquitecto francés Jean Nouvel. Tanto las fachadas como la marquesina están ejecutadas con una fibra de vidrio, composite, de color rojizo; dicha marquesina, en su cara inferior, permite que se reflejen los viandantes y el tráfico de la ciudad (figura 4):

Figura 4. Ampliación del Museo Reina Sofía (Madrid)

Por último, la primitiva azotea a la catalana sufre un gran auge en estos años con la fabricación de las telas asfálticas o de PVC, que permiten conseguir espacios vivideros en las cubiertas de los edificios mediante las denominadas “cubiertas planas” o lograr mejorar el medio ambiente de nuestras ciudades con las “cubiertas ajardinadas”.

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