Agua. Los Resultados

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El consumo de agua en los edificios de viviendas es un factor de impacto ambiental importante a escala local por varias razones:

  • la sustracción del agua, que deja de circular por los sistemas naturales;
  • el impacto de las infraestructuras y el consumo energético necesarios para captarla, tratarla y distribuirla; y

Aunque la generalización y la continua mejora de las instalaciones de depuración de aguas residuales han reducido el impacto de su devolución, tanto la captación como los procesos de potabilización y de distribución aún producen afectaciones considerables al medio, solo evitables mediante el ahorro en el consumo.

En comparación con otras demandas de aguaagrícola, industrial –, en Cataluña el consumo doméstico no es todavía el factor determinante en el impacto ambiental del uso de este recurso, ni por la cantidad extraída ni por los daños causados por su vertido.

Actualmente, el consumo agrícola es determinante cuantitativamente –aunque en muchas comarcas deficitarias en agua el consumo urbano es el más importante y el que mayor presión ejerce sobre los recursos disponibles–; igualmente, también es más determinante la contaminación ocasionada al medio por las actividades agrícolas e industriales que la contaminación producida por las actividades domésticas. Pero las tendencias de futuro invierten estas proporciones y auguran ya hoy un papel clave del consumo doméstico, tanto del de los hogares como de las actividades hoteleras y de servicios (docentes, comerciales, etc.).

Esta valoración de la importancia del consumo de agua es ratificada por instituciones internacionales con una visión global de los problemas. Efectivamente, la preocupación por el acceso al agua en condiciones higiénicas adecuadas a toda la población es uno de los lugares comunes de las agencias internacionales, hasta el punto de que la UNESCO propone el establecimiento de cantidades mínimas que se deben garantizar para toda la población mundial.

El consumo doméstico utiliza esencialmente el agua como un vehículo de alejamiento de los residuos del hogar.

Únicamente una reducida cantidad, inferior al 5% del consumo estándar, se destina al consumo humano, ya sea con agua para beber o a través de la cocción de los alimentos; se trata de una proporción muy pequeña, y aún más si tenemos presente que una parte de este consumo, como por ejemplo el agua mineral, utiliza a menudo recursos hídricos diferentes de los que llegan por la red. Lo paradójico del caso es que son precisamente estas aplicaciones las que determinan la calidad del agua doméstica, a pesar de que el resto de usos puede abastecerse con calidades inferiores.

Así, el baño puede requerir una calidad bastante elevada, indistinguible en la práctica de la que exige el agua para beber; pero los otros usos vinculados a la limpieza o a la evacuación de residuos permiten una reducción de la calidad, que no se produce a causa de la prodigalidad en el suministro y de la simplificación de las instalaciones. Es evidente, pues, que en el futuro inmediato la discusión sobre la disminución del impacto ambiental del consumo doméstico no se limitará al ámbito cuantitativo, sino que deberá incluir necesariamente aspectos referidos a la calidad en función del uso.

El consumo estándar, que en nuestro trabajo se define como el de una vivienda con un uso continuado para una familia acomodada de cuatro miembros, nos permite analizar el consumo disgregado en función de los diferentes usos y comprender algunos de los factores clave en las posibilidades de ahorro.

En primer lugar, es de destacar que, pese a que los valores que se consideran en el consumo estándar son ciertamente elevados (168 litros sobre una media urbana en Cataluña de 126 litros), el valor representa la tendencia sistemática hacia el aumento en el consumo doméstico de agua paralelo al aumento del nivel de vida de los usuarios. Se trata de un aumento muy claro, aunque muchos aspectos del consumo –como el agua para beber e incluso la destinada a la higiene corporal– tendrían que ser inelásticos respecto a la renta a partir de unos determinados tramos.

En segundo lugar, se evidencia la preponderancia cuantitativa del consumo de agua en los baños y cuartos higiénicos y en consumos directamente controlados por el usuario (ducha, inodoro y lavabo), aspectos unidos a la necesidad de diferentes calidades de agua para estos usos.

Por último, se observa que la mayoría de usos consumidores de agua –y siempre paralelamente al aumento del nivel de vida– se van mecanizando con aparatos domésticos que se encargan de las funciones que antaño se realizaban a mano; este hecho, que al principio puede suponer un aumento de la cantidad de agua necesaria, puede implicar también un ahorro futuro a medida que se mejore el rendimiento de los aparatos. Hay que incluir también dentro de este proceso de mecanización los grifos y pulsadores que, si bien son accionados discrecionalmente por el usuario, han ido sofisticando los servicios ofrecidos –control del caudal, facilidad de accionamiento y de elección de la temperatura, etc.– y empiezan a incorporar criterios de ahorro de agua.

Las posibilidades de ahorro de agua desde el diseño de los edificios pasan, pues, por actuar sobre los consumos más importantes, aumentando la eficiencia de los equipos y ajustando las calidades de agua precisas para cada uno de los usos. Escoger las opciones más eficientes en el uso del agua en grifos y aparatos, así como establecer los sistemas técnicos necesarios para aprovechar las aguas no potables, sean recicladas o de lluvia, son los caminos que han de permitir ajustar el consumo de agua a valores óptimos.

El valor óptimo que hemos tomado como referencia, y que se discute más adelante, nace de las demandas de cantidades mínimas fijadas por organismos internacionales y, a la vez, de los valores de referencia estimados por grupos de investigación y de demostración europeos implicados en el ahorro de agua en edificios.

El rescate de recursos de agua que se propone en el consumo viable es una demostración de la relativa facilidad para aproximarnos a los valores del consumo óptimo a través de acciones técnicamente viables que abarcan ejemplos de todas las opciones de ahorro enunciadas:

  • Ahorro en mecanismos y aparatos, y
  • Ajuste de la calidad del agua para usos poco exigentes, como la cisterna de los inodoros.

Lógicamente, el ahorro de agua depende, en gran medida, de los hábitos y de la concienciación del usuario, tanto por la discrecionalidad de los usos más consumidores como por su intervención en la selección de los aparatos más eficientes. En este sentido, la mejor inversión es la educación del usuario y la adecuación de la gestión del ciclo del agua al ahorro del recurso.

Las posibilidades futuras de ahorro, manteniendo la calidad de servicio, son muy grandes gracias a la evolución de la eficiencia de los sistemas y a la captación y reciclaje de las aguas domésticas. Por esta vía se puede llegar a un consumo de cantidades extremadamente pequeñas, aunque la evolución comportará la transferencia de gastos de inversión desde las grandes infraestructuras de captación, potabilización, transporte y depuración, a las instalaciones domésticas: un cambio que supone dejar de proveer agua, un recurso, para proveer un servicio, esencialmente la eliminación de determinados residuos domésticos.

Cuadro Consumos de agua ITeC.JPG

El consumo estándar de agua se ha calculado para una vivienda de cuatro personas con un equipamiento específico (que ya incluye lavavajillas) y un uso “normal”. Los valores de consumos desagregados por aparato se han obtenido de la consulta de distintas fuentes de información. Como valor de referencia, el consumo doméstico medio en un entorno urbano en Cataluña es del orden de 126 litros/persona y día.

El consumo óptimo se ha fijado a partir de los valores de consumo obtenidos en experiencias europeas en viviendas eficientes en cuanto al uso del agua.

Este valor se toma también como referencia, por ejemplo, en el proyecto para fomentar la eficiencia y el ahorro en el uso doméstico del agua en Cataluña, denominado Catalunya estalvia aigua (Cataluña Ahorra Agua), en el que participa la Agencia Catalana del Agua.

El consumo viable se ha obtenido por medio de la aplicación de los sistemas de ahorro eficientes disponibles en el mercado:

  • Difusores y reductores de caudal en grifos de duchas, lavabos y cocinas;
  • Utilización de maquinaria eficiente en los usos del agua cubiertos por sistemas mecánicos.

El coste de la introducción de las mejoras propuestas para el consumo viable es de 10,00 € /m2, con una amortización de la inversión, recuperada por el ahorro del consumo, de 3,8 años. En el caso de los mecanismos incorporados en grifos y electrodomésticos eficientes, no se ha considerado un sobrecoste en su implantación, porque el mercado ya ofrece estos productos a un precio similar a los convencionales en las diferentes gamas de calidad.

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