Universalismo: Un Modelo Dominante

De Construpedia


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¿Qué Sabemos de las Ciudades del Sur?

Desde finales de los años 80 parece operarse en el seno de la comunidad universitaria y de expertos internacionales en gestión urbana un nuevo giro a favor del universalismo en planificación urbana.

La desindustrialización de numerosas ciudades del Norte, los retos medioambientales relacionados con la contaminación del aire y el agua, etc. confirman el fracaso del crecimiento modernista tanto en el Norte como en el Sur. El carácter convergente de los problemas anima a buscar alternativas a los modelos dominantes de planificación.

Actualmente se reconoce la diversidad de contextos y de medios, pero este reconocimiento es insuficiente para numerosos formadores en planificación. Aun admitiendo una cierta especificidad de los contextos locales, estos formadores buscan una visión holística de los fenómenos urbanos y de los retos sociales y ambientales inherentes a la urbanización en el mundo.

Algunos investigadores (Amirahmadi, 1989; Sanyal, 1989) proponen renovar la visión universalista, adaptándola a una perspectiva planetaria (one world approach) de los problemas de planificación.

El carácter cada vez más global de los retos del desarrollo sería una invitación a la innovación en materia de concepción de programas de formación.

Los formadores deberían proponerse poner en marcha actividades donde los participantes del Norte y del Sur aprendan mutuamente de sus experiencias. Ya no es cuestión de transferir unilateralmente los conocimientos, valores, modelos de planificación del Norte hacia el Sur, separando y jerarquizando los conocimientos producidos en el Sur y el Norte, sino de aprender intercambiando (mutual learning) las experiencias de planificación urbana en una y otra parte del mundo.

Esta versión renovada del universalismo es sugerente; tiene el mérito de defender una mayor apertura de los investigadores y formadores del Norte a los conocimientos producidos en el Sur, tanto por parte de los intelectuales como de los expertos en planificación.

La idea de que planificadores del Norte puedan aprender prácticas urbanas del Sur y reforzar así sus capacidades para solucionar los problemas de las ciudades del Norte es ciertamente positiva. Rompe con la idea de transferir unilateralmente los conocimientos del Norte hacia el Sur. Por otra parte, autores como John Friedman y Albert Hirschman han insistido siempre en el importante papel que han tenido en sus procesos intelectuales sus experiencias de planificación en países en desarrollo. Esta visión es también muy utópica al ignorar el contexto institucional y las relaciones de poder que rodean la producción de los conocimientos sobre las ciudades en los PVD y los determinantes de la evolución de las prácticas de planificación en las ciudades del Sur.

Consecuencias Prácticas

Desde el punto de vista de la formación, la aportación práctica de los debates entre partidarios del dualismo y del universalismo es por desgracia muy limitada. Ambos hacen surgir cuestiones importantes sobre todo en el terreno de la epistemología, pero sin que los aspectos prácticos que rodean la concepción de programas de formación universitaria sean muy explícitos.

¿No es posible concebir programas de enseñanza donde quepan ambas escuelas?

¿No tenemos en realidad el mismo debate en el Norte sobre las especificidades locales cuando se trata de poner en marcha programas de formación que resulten útiles en diversos universos institucionales?

Prácticas comunitarias, planificación metropolitana, urbanismo municipal, desarrollo regional, etc. ¿No debería ser la primera pregunta de qué conocimientos disponemos sobre los objetos a planificar?.

A la hora de concebir un programa de formación en planificación urbana, se acostumbra a mencionar dos categorías de conocimientos (Burayidi, 1993).

Los genéricos o generales orientados a desarrollar en los futuros planificadores urbanos un sentido agudo de las responsabilidades sociales, el sentido de la innovación y de la creatividad, y a provocar una toma de conciencia de los límites de la planificación como herramienta de cambio social. La formación general básica en planificación debería también dejar un lugar para la utilización de métodos cuantitativos y de ayuda a la decisión. Los conocimientos más especializados se encaminan a la acción sobre el marco creado y sobre el desarrollo socioeconómico del medio local, por ejemplo. Es en el segundo campo de conocimiento donde parece necesario poner en evidencia las condiciones específicas de la intervención y de la práctica del urbanismo en los países en desarrollo.

¿Qué normas aplicar en materia de construcción y de ordenación física?

¿Qué procedimientos utilizar para consultar, expropiar, relocalizar, indemnizar, desarrollar, etc.?

La introducción de estas dos categorías consigue un cierto consenso entre formadores en planificación; a saber: que los conocimientos teóricos y prácticos desarrollados en el Norte no constituyen un arsenal de conocimientos y soluciones suficientes para la resolución de problemas de planificación urbana en el resto del mundo. Es bastante fácil admitir que la historia de las ciudades de países en desarrollo sigue una trayectoria específica en relación con la de los países industrializados.

La cuestión que se plantea desde el punto de vista de la planificación es determinar si es imprescindible conocer esta trayectoria para intervenir eficazmente en los problemas urbanos y si las herramientas desarrolladas en el Norte trascienden las diferencias y las particularidades locales. Esta cuestión nos sumerge en el corazón de la crítica posmoderna del discurso racional en general, y engloba el debate entre universalismo y dualismo en lo que concierne a la formación de los planificadores urbanos del Sur.

Intelectuales y técnicos de la planificación tienen que producir otros conocimientos e inventar otras soluciones en los países del Sur.

Deben inspirarse más en lo que se hace en las ciudades de los países en desarrollo que en los modelos prêts á exporter (“listos para exportar”).

Los conocimientos genéricos y específicos enseñados en los programas de las universidades del Norte deberían permitir a los estudiantes del Sur participar en sus procesos creativos de producción de conocimientos y de búsqueda de soluciones, en lugar de reproducir modelos falsamente universales.

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