Estudiantes del Sur en Universidades del Norte

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Muchos se Quedan en el Norte

La formación adquirida en las universidades del Norte por los estudiantes originarios de países en desarrollo es a menudo cuestionada por la opinión pública porque un número importante de estudiantes elige no regresar a su país y se instalan definitivamente en el Norte.

Esta estrategia individual de abandono frente a las dificultades previstas de éxito profesional en el Sur tiene efectos negativos a largo plazo sobre las capacidades institucionales del país de origen; éste se ve privado de recursos humanos con buena formación que habrían podido participar en la búsqueda de soluciones para problemas urbanos complejos. En estas circunstancias, las bolsas de estudios y los programas de formación ofrecidos por las agencias de cooperación y las instituciones universitarias del Norte no logran su objetivo fundamental, que es fortalecer las capacidades institucionales de los PVD en planificación urbana; más bien incrementan los recursos profesionales disponibles en el país del Norte.

Este fenómeno de éxodo de cerebros del Sur hacia el Norte es bien conocido y constituye un problema extremadamente serio a largo plazo para los países en desarrollo. Aporta luz sobre problemas relacionados con las modalidades de financiación y la puesta en marcha de programas de formación de planificadores del Sur, pero informa poco sobre la pertinencia de los conocimientos que aportan los programas de formación de las universidades del Norte de cara a los problemas urbanos del Sur.

Conscientes de los problemas que plantea este éxodo, las agencias internacionales han tendido a favorecer la puesta en marcha de relaciones institucionales de cooperación entre universidades del Sur y del Norte para la creación de programas nacionales de planificación urbana en el Sur. En el marco de estas cooperaciones, los universitarios del Norte apoyan la concepción y la puesta en marcha de programas, pero en los que se vuelven a encontrar generalmente conocimientos similares a los ofertados en el Norte, impartidos por los mismos profesores de las universidades del Norte.

El problema de la idoneidad de estos conocimientos de cara a los problemas específicos de las ciudades de los países en desarrollo sigue, pues, planteado en los mismos términos, puesto que el lugar donde se imparta la formación tiene pocos efectos en el contenido de los programas. Es, por tanto, esencial distinguir los problemas que plantea la orientación de los programas de formación de los que plantea las modalidades de la oferta de estos programas en los planificadores del Sur.

Para los que Regresan, ¿Universalismo o Dualismo?

Los defensores del dualismo sostienen que la formación en planificación urbana debería reflejar los diferentes sistemas de valores, niveles de desarrollo y prioridades socioeconómicas de la región en desarrollo. Las enseñanzas destinadas a los planificadores de las ciudades del Sur deberían tener en cuenta por ejemplo la débil capacidad de pago de los habitantes de las ciudades, sus prioridades y sus valores.

Los universalistas, por el contrario, defienden una única aproximación a la planificación urbana y ponen el acento sobre las similitudes entre el proceso actual de desarrollo de las ciudades del Tercer Mundo y el de las grandes ciudades del Norte en la historia.

El enfoque universalista fue primero sostenido por los teóricos de la modernización en los años 50.

Esta teoría confiere mucha importancia a los valores y las variables culturales en la interpretación del cambio en la historia de las sociedades occidentales. Desde este punto de vista, el despegue de las economías de los países en desarrollo debe pasar por una ruptura con los valores tradicionales que caracterizan las estructuras sociales del país (sin, por otra parte, precisar cuáles son los valores que hay que transformar). La aceleración de la urbanización es un fenómeno considerado positivo por los modernistas en el proceso del cambio social porque acelera el paso de la sociedad tradicional a la moderna. Una vez reunidas las condiciones sociales y morales previas al punto de inicio, los cambios estructurales deberían producirse según la misma secuencia que marcó a los países industrializados y ha conducido a la sociedad de consumo de masas.

Cuando la planificación (Sandercock, 1998, 62) emerge como profesión a finales de la Segunda Guerra Mundial, se consolida en torno a un núcleo duro de conocimientos en ciencias sociales que pone el énfasis sobre la racionalidad y la objetividad. El planificador ideal en esta época es racional, alejado de las trifulcas políticas, servidor ciego del Estado, confiado en su pericia profesional y en su capacidad para desarrollar principios aplicables no solamente en una situación dada sino, con algunos ajustes, en todas las situaciones similares. Está convencido de la universalidad de los principios de la planificación.

Harvey Perloff escribía en 1975 (citado por Sandercock, 1998, 62):

La planificación implica la cuidadosa elaboración y la integración de una serie de acciones proyectadas para lograr los objetivos deseados. La planificación, por tanto, se centra en la toma de decisiones y la realización de las medidas previstas.

Esto se consigue con un determinado número de pasos estrechamente integrados, a partir del análisis de problemas, el ajuste de amplios objetivos y la revisión de los recursos disponibles, para establecer objetivos operativos específicos; y en etapas sucesivas hasta que los resultados puedan confrontarse con los objetivos establecidos y necesarios y lo propuesto .

Este periodo de la posguerra corresponde a la puesta en marcha de las grandes instituciones internacionales encargadas de la ayuda pública al desarrollo. El sueño de modelar las sociedades del Sur por la planificación toma forma y encuentra en los intelectuales y los formadores un terreno fértil para echar raíces (Escobar, 1995).

El desarrollo del Sur se convierte en sinónimo de civilización urbana, de crecimiento económico, de industrialización; los intelectuales y planificadores del Norte de inspiración innovadora consideran a su alcance este objetivo de desarrollo de los países del Sur.

Narrando su propia experiencia de estudiante extranjero educado en las grandes universidades occidentales tras la Segunda Guerra Mundial, Qadeer (1989) subraya la actitud paternalista de los formadores en estos centros, que consideran a priori que los planificadores de las ciudades de los PVD están mal formados y que, para resolver los problemas urbanos del Sur, no tienen más que aprender y aplicar las técnicas de planificación adoptadas en el Norte.

Años más tarde, esta arrogancia dará paso a la angustia.

En efecto, la velocidad acelerada del crecimiento urbano en los países en desarrollo y la incapacidad para dominar la ocupación del suelo provocan un sentimiento de urgencia en los investigadores universitarios y, sobre todo, en los expertos de las grandes agencias internacionales, que se esfuerzan por renovar sus modelos de planificación urbana en los PVD a finales de los años 60. La ausencia de industrialización en numerosas ciudades del Tercer Mundo con un fuerte crecimiento demográfico desconcierta a los defensores de la perspectiva modernista del desarrollo. El refuerzo de los lazos comerciales, políticos, culturales entre países del Norte y del Sur durante los años 50 y 60 viene acompañado en la práctica de una acentuación de las distancias de las riquezas entre el Norte y el Sur, y de un aumento de la pobreza urbana en el Sur.

La formación adquirida en el Norte por los planificadores del Sur podría incluso explicar ciertos problemas actuales de las ciudades del Sur.

En los años 60, en el momento de la independencia, estos planificadores reproducían en casa los modelos occidentales de planificación urbana y urbanismo, arrastrando a sus países a proyectos costosos que nada tenían que ver con la capacidad de pago de las poblaciones. Los ingresos públicos generados por la actividad económica del sector rural se gastan en proyectos suntuosos en el medio urbano, poniendo así en peligro la base tradicional de la mayoría de las economías de países en desarrollo, el sector agrícola. Los dirigentes de países en desarrollo, ansiosos de modernizar la ciudad, destruyen los viejos barrios y reproducen las normas y los estándares de construcción aplicados en los países del Norte.

No hay nada extraño en esto, escribe Okpala (1986), por parte de los planificadores, que han aprendido en las universidades del Norte que entre el 80 y el 90% de los países en desarrollo habitan viviendas sin título de propiedad, y que esto significa, por una especie de fatalidad, que esas poblaciones viven por debajo de las condiciones admisibles de salubridad,... ¡desde el punto de vista de los países desarrollados!.

Este mimetismo de los planificadores del Sur en materia de urbanismo y de construcción de viviendas conduce forzosamente a la catástrofe financiera y social.

Los socios capitalistas tardarán algunos años en reconocerlo. La planificación urbana no es sólo un asunto de planes directores y de construcción inmobiliaria, sino también una determinada forma de gestión social.

Lo que los planificadores del desarrollo de inspiración modernizadora pretenden hacer en las ciudades en desarrollo es redefinir la vida social y económica de acuerdo con un criterio de racionalidad y de eficacia que procede de la historia de las sociedades industriales de los países del Norte. Para resultar duradero, este criterio de racionalidad debe buscar un respaldo institucional donde enraizarse, que no fue posible hasta finales de los años 60.

Como reacción a los fracasos constatados de los modelos modernistas para dar respuesta eficaz a las realidades de la urbanización en los PVD, los dualistas defendieron a partir de los años 70 una visión alternativa que preconiza un acercamiento a las necesidades y a los valores expresados por las bases. Esta aproximación es favorable a contenidos específicos de formación dirigidos a los planificadores de los países en vías de desarrollo, basándose en conocimientos empíricos (Qadeer, 1986) de las condiciones de intervención en estos países. Muchas universidades, animadas por las agencias internacionales, iniciaron programas especializados en desarrollo internacional que reservaban un lugar importante a los problemas de pobreza urbana, el paro urbano, los sistemas nacionales de planificación del desarrollo y a los procesos de elaboración de políticas urbanas nacionales.

Aunque esos programas especializados de formación en planificación destinados a los futuros profesionales de PVD no sean muy numerosos, puede decirse que los dualistas han iniciado una toma de conciencia de los límites del modelo de intervención modernizador y de la importancia de conocer mejor las condiciones particulares de actuación en las ciudades de los países en desarrollo. En las universidades del Norte proliferaron cursos, diplomas cortos y largos, y programas de investigación, con la urbanización en los países en desarrollo como tema. Numerosas universidades han cambiado las modalidades de la oferta de formación a favor, por ejemplo, de programas de formación continua y de programas de cooperación institucional con universidades del Sur.

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