Participación y Electrificación Rural

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Tras conceptuar y describir las particularidades de la participación, veamos en términos más prácticos algunos aspectos circunscritos a la participación en proyectos de electrificación rural (ER).

Para ello tomaremos algunos criterios que se han asumido como aspectos conceptuales y a los que, según nuestra experiencia, consideramos como asideros para llevar a cabo un buen proceso de participación social.

El análisis planteado aquí esta referido a proyectos de electrificación relativas a Microcentrales Hidráulicas (MCHS).

Desde el punto de vista del individuo o poblador rural, la falta de acceso a la electricidad, su nivel de pobreza, su aislamiento y su desinformación respecto a como lograr concretar un proyecto que pueda proveerle de energía, hace que la participación, salvo en algunos casos, tenga la característica de ser muy voluntaria y activa. Esta, sin embargo, expresa muchos aspectos generales que se dan en las comunidades que pretenden o han llevado adelante un proyecto de electrificación rural.

De ahí que podamos afirmar que la expectativa de contar con electricidad en las comunidades aisladas haya cambiado. Hace tiempo, implicaba un gran anhelo, que se correspondía con una participación muy activa, especialmente en el proceso de construcción e implementación del servicio eléctrico; pero hace algunos años esto ha pasado a percibirse como un derecho que asiste a la población rural. De acuerdo con esta ultima percepción, actualmente muchas comunidades condicionan su participación a ciertos beneficios, no sólo económicos, sino también políticos.

En el primer caso ha conllevado acentuar el paternalismo y en el segundo, a incrementar el clientelismo. Pese a este cambio, contar con energía eléctrica sigue siendo una de las principales prioridades de las poblaciones rurales.

No obstante lo anterior, generalmente se concibe que todo proyecto, - y no es la excepción la electrificación rural - busca la implicación de la población en todo el proyecto. Sin embargo, en muchos casos se ha podido identificar que esta “participación” solamente logra ser muy unilateral. Significando que el concepto, pese a ser importante ha sido, como lo hemos señalado, soslayado y visto solamente como un mero componente de un proyecto; pero que presumiblemente no tenía repercusiones posteriores, por ejemplo en la administración y gestión del servicio.

En relación al éxito global o fracaso de los proyectos de EE.RR., muchos de los problemas (...) están relacionados con los diseños inadecuados que pueden hacerlos fallar. Si bien este aspecto es clave en el sentido de que lleva hacia proyectos costosos y difíciles de manejar, otro conjunto de causas que hacen fallar los proyectos son los aspectos ‘institucionales’, específicamente la organización que dirigirá el proyecto una vez que sea completado y que hará uso de las instalaciones y bienes, ... (Michel del Buono, Teodoro Sánchez, Alfonso Carrasco, (1997) Memorias VII Encuentro Latinoamericano en Pequeños Aprovechamientos Hidroenergéticos.)

Fases de la Participación Social

De manera general, podemos constatar que la sociedad en la que vivimos tiene como característica inherente la complejidad, y la población rural no es ajena a ello, pues también en ella conviven una amplia diversidad de valores, pluralidad de intereses, demandas sociales, y en su seno se establecen relaciones interdependientes de los diversos actores o agentes sociales y políticos.

Esta diversidad de aspectos trae consigo nuevas demandas, nuevos conflictos y, obviamente, nuevas rupturas sociales. En consecuencia, es imprescindible promover nuevas formas y espacios de dialogo que permita la convivencia colectiva.

Tal como hemos señalado, no existe un modelo único de participación, ya que caben diversas fórmulas y medios para ello. Sin embargo, es preciso señalar que éstas deben ser aplicadas a lo largo de todo el proceso de participación; es decir, no sólo en las fases decisorias, sino desde su inicio. En este sentido, todos los participantes en dicho proceso, incluidos los profesionales, están comprometidos a aprender de los demás. El promotor o técnico de campo debe, pues, cumplir el rol de facilitador y dinamizador.

Entender la participación como proceso implica siempre tener presente que busca la concertación, la negociación y el pacto; esto implica la posibilidad de lograr una gestión compartida. Para lograrlo, es imprescindible que el promotor o técnico de campo, previa constatación de un nivel organizativo local, pueda esbozar las fases por las transcurrirá el proceso de participación, con el cual vaya dando pasos firmes en el logro de la sostenibilidad social. Sin ser estas estrictamente las fases para promover la participación activa, planteamos algunas que ayudan en el propósito:

  • Sensibilización.

Esta etapa es sumamente importante y parte de la constatación del nivel de organización y participación que tiene la población. Aquí se debe reconocer en forma muy clara la situación actual, los problemas o riesgos potenciales que pueden convertirse en amenazas para la organización y el propósito que se persigue con el proyecto.

  • Motivación.

Puede hacerse enviando mensajes claros respecto a los problemas y riesgos identificados en la fase anterior.

  • Información.

Bajo el criterio de transparencia, es preciso que se suministren datos y conceptos válidos sobre los aspectos ignorados y/o mal manejados, que pueden ocasionar malas interpretaciones.

  • Educación.

Se consigue transfiriendo e intercambiando conocimientos (tecnologías) que promuevan buenos resultados en el trabajo, así como impartiendo buenos hábitos.

  • Consulta.

Sobre la base de que el proceso participativo es horizontal, es imprescindible que se impulse consultar los aspectos que tengan que ver con las acciones y avances, a fin de ir fomentando esta modalidad en la organización.

  • Decisión.

Esta etapa exige de todos los participantes un esfuerzo por definir las discusiones y consultas en acuerdos, lo que lleva a fortalecer la capacidad de la toma de decisiones dentro de la organización.

  • Ejecución.

Convirtiendo las decisiones en acciones que conduzcan a participar en los proyectos y sus diferentes etapas de ejecución, incluida la gestión de los servicios.

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