La Demanda de Energía y la Participación Comunitaria

De Construpedia


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Actualmente 2/3 de la población de nuestro planeta, aproximadamente 2.000 millones, no cuentan con electricidad en sus viviendas.

Este dato, lejos de ser un gran problema para el desarrollo de muchas sociedades, es un reto que nos lleva a reflexionar sobre las alternativas tecnológicas con las cuales se puede revertir esta situación.

Si bien es cierto que las opciones son muchas, algunas de ellas, por las características de su origen, muestran una clara tendencia a disminuir, incluso a desaparecer, lo que ha implicado un cambio en la opción tecnológica, virando hacia las energías renovables como alternativa.

Sin embargo, a la par que lo tecnológico, está también en cuestión la forma en que esta población, puede ser involucrada en las propuestas energéticas, pese a tener como limitante su nivel acentuado de pobreza.

Esto se constituye en un problema vital para el desarrollo de los pueblos, si asumimos que, en la generalidad de las grandes propuestas energéticas, la participación de los beneficiarios es considerada sólo en parte, o bien éstos son excluidos completamente de las instancias de decisión.

Esto se confirma cuando vemos que, no obstante ser parte del discurso teórico de muchos representantes públicos, la participación es todavía razón de preocupación, pues por una parte existe la presunción de que dar mayor nivel de decisión a la población puede significar mayor desorden y, por otro lado, puede implicar que esta demanda sea cada vez más preparada y técnica, de modo que las demandas se incrementarán y pueden desestabilizar el poder.

Ello implica que concretar lo esbozado en el discurso teórico en evidencias prácticas es a veces complicado y muchas veces contradictorio. La participación entonces, más allá de ser una mera posición ideológica, constituye un proceso que está influenciado por los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales de las sociedades, especialmente en las que se encuentran en vías de desarrollo, donde muchas veces se prioriza la supervivencia frente a una propuesta que genere una visión más integradora.

El reto es en tal caso cómo en contextos con acentuada exclusión y pobreza se pueden generar procesos de participación activa de los beneficiarios, que posibiliten reducir esta gran brecha en el acceso a la energía por parte de las poblaciones, especialmente las rurales.

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