Planificación y Desarrolllo de los Asentamientos: El Objeto

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Una vez ha sido superada la atención social y sanitaria básica, la ordenación de los recursos naturales y territoriales es la actividad sobre la cual se ha de fundamentar toda asistencia, planificada o inmediata, desarrollada por equipos multidisciplinarios que, al amparo de las organizaciones nacionales e internacionales han de asegurar el adecuado desarrollo ambiental, social y económico de cualquier grupo, sean desplazados, refugiados o gente que busca un futuro mejor ( Ver documentos E/CN.4/1992/23 de las Naciones Unidas y el Artículo 1(A) 2 de la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados.

La Convención, sin embargo, introdujo una limitación temporal: los refugiados serían sólo aquellos cuya situación fuese resultado de acontecimientos anteriores al 1 de enero de 1951. También estableció la posibilidad de limitar su aplicación a refugiados, como consecuencia de hechos ocurridos en Europa, aunque al mismo tiempo dio la posibilidad a los Estados de ampliar la protección a refugiados de otras partes del mundo (artículo 1.B). Posteriormente, el Protocolo de 1967 puso fin a ambas limitaciones).

Resulta evidente la complejidad existente en materia de gestión territorial y ambiental, máxime si han de producirse en situaciones extremas como suelen ser los casos de crisis humanitarias, ya que son muchos los factores y agentes implicados en su desarrollo. En este proceso de recopilación, elaboración, gestión y desarrollo participan no sólo varias administraciones públicas y múltiples equipos, sino que además nos encontramos en un marco casi siempre internacional, con normativa compleja sobre ámbitos geográficos continuos, pero administrativa, política, cultural y –¿por qué no decirlo?–, militarmente diferentes, que casi siempre están enfrentados.

Los recursos naturales –ya sean terrestres, marítimos o atmosféricos– son finitos. Por esta razón, la medición y la gestión adecuada de estos recursos adquiere gran importancia, más aún en situaciones derivadas de las emergencias en las que la población afectada depende en gran medida de ellas, tanto al comienzo como al final de la crisis.

Por ello, la planificación de los asentamientos no puede producirse sin una ordenación, o al menos conocimiento previo de los recursos naturales.

Esta ordenación no acaba en la formulación de los planes de acción para cada caso sino que son el comienzo de una labor continuada, participativa y viable, en la que los problemas derivados de una mala ubicación han de ser eliminados de origen, pues ya son muchos los dramas que trae consigo cada una de las personas a las que se acoge, como para además trasladarle otros mayores derivados de una mala gestión.

Es en este marco donde los Sistemas de Información Geográfica (SIG) aparecen como herramientas básicas y paradigmáticas, no sólo para contener y gestionar la gran cantidad de datos que exige el adecuado control del territorio, sino también para la previsión, análisis y formulación de escenarios variables, sobre todo en el comienzo de las crisis en las que tenemos que tomar decisiones de manera inmediata y coordinada.

El uso de las nuevas tecnologías agiliza el almacenamiento de la información en bases de datos bien organizadas, pero sobre todo, nos permite situar dicha información en el espacio y en el tiempo para llevar a cabo análisis espaciales, poniendo en relación la información de tipo social, sanitaria, educacional, de seguridad, etcétera, con otra espacial, geográfica, geológica, ambiental o de capacidades del terreno.

Podemos decir que es precisamente esta disciplina la que ha experimentado un mayor avance en los últimos años, estando todos los equipos técnicos en condiciones de usar estas herramientas de análisis espacial; y así, parece que empieza a entenderse el plantearse proyectos como el uso de WATEX de Apoyo a Operaciones del campamento de refugiados del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el Chad oriental, proyecto desarrollado entre una empresa privada y el ACNUR (figura 1), o el WADE desarrollado entre las autoridades locales de Níger y representantes del AGRHYMET.

Sin embargo, en la reedición del “Manual para situaciones de emergencia” del ACNUR –al que podemos acceder desde su página web, y cuya primera versión se publicó en 1982– no se mencionan estas herramientas, más que desde un punto de vista de “vaciado de información”, pero no para el análisis y gestión.

Me permito hacer una última reflexión, partiendo de las imágenes vividas en Palestina, donde la gente vive en “ciudades prisión”; o de Honduras, donde los desplazados por el Mitch a zonas más altas se asentaron de manera espontánea y tan mal organizados como en aquellos asentamientos que habían sido barridos por el agua; o en Yugoslavia, donde se produjo un gran impacto ambiental e incluso se tuvo que “expatriar” a la gente a los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Proceso de localización y gestión del agua del proyecto WATEX.JPG

Son tres casos muy distintos: Palestina, impuesto por decisiones del pasado; Honduras, sobrevenido por causas naturales; y Yugoslavia, forzado por el empecinamiento de unos pocos fanáticos que llevaron a Europa, una vez más, a la guerra triste y frustrante por ver países con todo tipo de recursos y gran preparación enzarzados en una contienda. Sin duda, hoy en día hay cientos de casos y habrá más, pero como ya he comentado, y así lo defiendo: la mejor emergencia, al igual que ocurre con los campos de refugiados, es aquella que no llega a existir.

Consciente de que de momento nada podemos hacer para prevenir desastres derivados de los conflictos armados, pero sí en la elección adecuada para llevar a cabo la ubicación de un nuevo asentamiento, entiendo que el desarrollo de las ciudades –y más aun de los emplazamientos temporales– exige un reconocimiento muy profundo del entorno y la conciencia del alcance que nuestras actuaciones van a tener en el territorio y en el medio ambiente natural y humano que generen, ya sea para el análisis y planificación de los asentamientos informales provocados por desastres naturales, como ocurrió con el Mitch, o aquellos promovidos por la ayuda y política internacional como puede ser el caso del Sáhara.

Mientras no actuemos de forma coherente y conciente nos dirigimos, a pesar de la voluntad, hacia un problema mayor, ya que cuando se produce una emergencia, las primeras acciones pueden tener importantes consecuencias a largo plazo.

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