El Papel de la Energía en el Desarrollo. Análisis de las Perspectivas Energéticas Mundiales para el Próximo Cuarto de Siglo

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El consumo de energía es consubstancial al desarrollo económico y social.

El acceso a la energía permite mejorar las condiciones de vida, incluyendo mejoras en la salud, la alimentación y la educación.

Tanto el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como la AIE han puesto de manifiesto el estrecho vínculo que existe entre el nivel de desarrollo de un país (medido según el índice de desarrollo humano, IDH, un indicador del PNUD que tiene en cuenta la esperanza de vida, el grado de escolarización y alfabetización y la renta per cápita) y su consumo energético (PNUD 2004a, AIE 2004).

La conexión salta a la vista en los países más pobres, donde la relación entre el IDH y el consumo de energía per cápita es muy acusada.

En los países más desarrollados (los de la OCDE), por el contrario, se aprecia una gran dispersión por lo que se refiere al consumo energético (Figura 5).

Esta dispersión es debida a diferencias económicas, climatológicas y de estilo de vida.

La relación entre la economía y el consumo energético es suficientemente clara: un mayor ritmo productivo, en el que se basa la economía, exige más energía.

En el caso de los países ricos, el crecimiento del consumo energético sigue al crecimiento económico, aunque existe una cierta realimentación, de manera que si no es posible conseguir energía a buen precio la economía se resiente. Las diferencias climatológicas afectan principalmente, y de manera notable, a las necesidades de energía para calefacción o aire acondicionado.

El estilo de vida también influye: Europa, con graves problemas históricos de suministro energético, ha aprendido a ahorrar, mientras que los EUA, que hasta hace pocos años contaban con grandes reservas energéticas y ahora disponen del ejército más poderoso del planeta, no parece que tengan inculcada esta cultura ahorradora. Esto nos lleva al concepto de intensidad energética, magnitud que relaciona el consumo de energía primaria con el producto interior bruto de un país. Países con intensidades energéticas menores son más eficientes, es decir, producen más riqueza por cada tep consumido.

La Figura 6 muestra la relación entre la intensidad energética y la renta per cápita de algunos países y grupos de países.

Contenido

Figura 5. Relación entre el índice de desarrollo humano (IDH) y el consumo de energía primaria (año 2002).

No incluye Bahrein, Qatar ni Emiratos Árabes Unidos.

Fuentes: para el IDH (IDH 2004), para el consumo energético (DOE 2004), elaboración propia.

Relación entre el índice de desarrollo humano (IDH) y el consumo de energía primaria (año 2002)..JPG

Figura 6. Relación entre la intensidad energética y la renta per cápita para los países y grupos de países de la Figura 2.

Fuentes: datos económicos (IDH 2004), consumo energético (AIE 2004), elaboración propia.

Figura 6. Relación entre la intensidad energética y la renta per cápita para los países y grupos de países de la Figura 2.JPG

Como se ha comentado, en los países menos afortunados el uso de la energía va directamente ligado al grado de desarrollo.

Se podría pensar que también aquí es la economía la que tira del consumo energético.

Hasta cierto punto esto es verdad; pero también es cierto que es el uso de la energía lo que empuja a la economía y que, si estos países no consiguen acceder a fuentes energéticas, no pueden avanzar.

Por un lado, las primeras etapas del desarrollo económico de un país requieren una gran intensidad energética, ya que es necesario construir infraestructuras de todo tipo, lo que exige industria pesada, la cual requiere, a su vez, grandes cantidades de materia prima y, claro está, de energía.

Por otro lado, como se ha apuntado al inicio de este apartado, el acceso a la energía permite mejorar las condiciones de vida de los individuos.

Aspectos sobre energía para lograr los Objetivos del Milenio (ONU)

El Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido ha identificado una gran cantidad de aspectos en los que la energía es crucial para lograr los Objetivos del Milenio de la ONU (DFID 2002).

No es preciso citarlos; baste con dar unos ejemplos de cómo el uso eficiente de la energía puede ayudar a mejorar aspectos tan diversos como la salud, la alimentación y la educación:

  • El acceso a formas modernas de energía evita el consumo poco eficiente de biomasa tradicional (leña
y excrementos animales) en hornos y cocinas rudimentarios; de esta forma la atmósfera doméstica es
más saludable, con la consecuente reducción de enfermedades respiratorias en mujeres y niños (que
son quienes más tiempo pasan dentro de la vivienda).
  • En la mayor parte de los países empobrecidos las mujeres (adultas y jóvenes) son las que llevan el peso
de las tareas domésticas (véase PNUD 2004b) y, en zonas rurales, dedican una parte muy importante
de su tiempo al acopio de combustible; el acceso a combustibles modernos les permite ganar un tiempo
que pueden dedicar a mejorar la productividad de los huertos, a la educación, a cuidar de los hijos, etc.
  • La electricidad permite alargar las horas de luz (mejora de la productividad en talleres de artesanía,
niños y adultos pueden estudiar tras la puesta de sol, etc.) y permite, p. ejemplo, conservar medicamentos :en neveras en puestos de asistencia médica.
  • La energía permite utilizar maquinaria e incrementar la productividad de terrenos, mejorando la
alimentación de comunidades rurales, favoreciendo la venta de excedentes (así como la manufactura
de productos elaborados y con valor añadido a partir de los excedentes).

La energía ayuda, pues, a salir de la pobreza, a reducir la mortalidad infantil y a disminuir las diferencias de género, entre otros beneficios.

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