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Los Efectos de los Desastres y la Resiliencia de las Regiones

De Construpedia

Geologos del mundo.jpg Cogc.gif ACCD.jpg Nota: Este artículo ha sido creado gracias a Geólogos del Mundo en el marco del Programa de Afiliados de la Construpedia. El contenido pertenece a la publicación: Desastres de Origen Natural y Cooperación para el Desarrollo y lo puedes descargar gratis en PDF.

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Consecuencias del huracán Katrina, que afectó al sudeste de Estados Unidos,año 2005.

Un factor determinante de Los Efectos de los Desastres de origen natural es, por un lado, el número de muertos en muy poco tiempo, y, por otro, las pérdidas económicas que pueden suponer un retroceso socioeconómico muy grande para cualquier país, medido en pérdidas del porcentaje del producto interior bruto y del índice de desarrollo humano.

Existe una relación directa entre el grado de desarrollo de una sociedad y la propensión a sufrir desastres de origen natural. Los países más preparados serán capaces de hacer frente a una situación de peligro, mientras que los menos preparados serán mucho más vulnerables y los efectos que sufrirán, mayores.

En este sentido, ante fenómenos de igual magnitud que afecten a países llamados del primer o el tercer mundo, la mayoría de las pérdidas económicas globales se concentran en los países desarrollados, mientras que en los países con un índice de desarrollo bajo o medio los costes se asumen con un mayor número de víctimas mortales, personas afectadas y costes sociales, dado que los recursos, las infraestructuras y los sistemas de prevención están poco desarrollados. Sin embargo, en los países pobres, aunque el coste económico sea menor, el impacto de la pérdida es muy elevado a causa de su menor capacidad de respuesta y sobre todo de recuperación, es decir, que su resiliencia o capacidad de recuperar la estabilidad al verse afectados por las perturbaciones de los desastres es poca.

La resiliencia de los países con un bajo índice de desarrollo humano ante situaciones catastróficas es muy pequeña.

“La Resiliencia hace referencia a la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a desastres a adaptarse a través de la resistencia o bien cambiando el orden para alcanzar o mantener un nivel aceptable de funcionamiento y de estructura. Se determina a través del grado con que un sistema social es capaz de autoorganizarse para incrementar su capacidad de aprender de los desastres pasados y conseguir así una mejor protección en el futuro, al tiempo que permite mejorar las medidas que reducen los peligros.” (Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres, 2004.)

Contenido

Los “Pequeños y Medianos” Desastres

En muchos puntos del planeta se producen de manera casi permanente los llamados “pequeños y medianos desastres”. A veces no aparecen en la prensa ni en la televisión, pero sus efectos, sumados, pueden llegar a ser tan graves como los de los grandes desastres, capaces de conmover durante un tiempo a la opinión pública.

Los efectos de los “pequeños y medianos” desastres generalmente no trascienden la escala local, ni suelen interesar tampoco a los gobiernos nacionales o a la ayuda internacional, sobre todo porque su incidencia no trasciende más allá de las propias víctimas, que presentan grados elevados de vulnerabilidad y poca capacidad de recuperación. Al mismo tiempo estos dos factores, el aumento de la vulnerabilidad y la disminución de la resiliencia ante estos pequeños y medianos desastres, debilitan aún más a la población.

En los últimos años se ha producido un aumento de lo que podríamos denominar “pequeños desastres” (con menos de 100 muertos), lo que implica que las acciones de carácter local para prevenir y mitigar los riesgos geológicos no son del todo efectivas, o más bien inexistentes en muchas zonas del planeta.

Si bien el aumento del impacto de los desastres es un hecho evidente y cuantificado, podemos buscar los motivos de esta realidad y atribuirlos, en buena medida, al incremento de la población mundial y a su distribución sobre el planeta. Por otro lado, cabe plantear la siguiente reflexión: ¿por qué un incremento del conocimiento científico sobre los riesgos geológicos y de la capacidad tecnológica para reducirlos y mitigarlos no se refleja en una reducción, o por lo menos en una estabilización, del número de daños? Quizá la respuesta se encuentre en una mala actuación política, una escasa concienciación social y una gestión territorial poco operativa y efectiva, aparte de otros motivos como la difícil comunicación y conexión entre la comunidad científica y la población afectada.

En los últimos años buena parte de los esfuerzos por paliar los efectos de las catástrofes de origen natural han ido destinados a las acciones de emergencia, la reconstrucción de viviendas, la atención de las víctimas y, no tanto, a la prevención y la mitigación, aspectos clave que hay que tener en cuenta a la hora de planificar una correcta gestión del riesgo. Por otro lado, los programas planteados en materia de prevención del riesgo han sido generalmente de carácter global o territorial a gran escala, y han obviado los trabajos de prevención a escala local. Dentro de esta perspectiva, las Naciones Unidas decretaron el período 1990-1999 como el Decenio Internacional para la Reducción de Desastres de Origen Natural. Uno de los objetivos de esta resolución era detener el incremento del impacto socioeconómico de las catástrofes naturales.

¿Quién Paga los Platos Rotos?

Una vez que una sociedad ha sido afectada por una amenaza geológica que ha derivado en un desastre, son muchas las consecuencias a las que debe hacer frente. En situaciones de este tipo hay que plantearse a quién le toca asumir las responsabilidades de las pérdidas generadas y en qué medida.

En primer lugar, los Afectados son las principales víctimas, que en el peor de los casos responden con su vida y muy a menudo con buena parte de sus bienes. El grado de afectación de las personas expuestas a una amenaza depende de su vulnerabilidad, de manera que, cuanto más preparadas estén para hacer frente a un desastre, menor será el riesgo al que estarán expuestas.

Los Estados son el segundo actor en los escenarios de desastres, y de su capacidad depende la gestión del riesgo y su minimización. Los estados, a través de los órganos de gobierno, deben ser capaces de garantizar la seguridad de los ciudadanos. En los países en vías de desarrollo los gobiernos, en muchos casos, no tienen la capacidad o la voluntad para destinar partidas presupuestarias propias a la gestión del riesgo.

Las Aseguradoras responden solo ante las personas y los bienes asegurados, situación que se da en los países donde la población dispone de cierta riqueza adquisitiva y es capaz de hacer frente a los costes que eso conlleva.

La Comunidad Internacional. A través de varios programas de ayuda humanitaria, la comunidad internacional pretende mitigar los efectos de los desastres y se enfrenta al reto de encontrar la manera de anticiparse y prevenir los riesgos a partir de la integración de la gestión del riesgo en las políticas de desarrollo. Actualmente se están empezando a gestar las primeras iniciativas específicas encaminadas a incorporar la gestión del riesgo en los programas de desarrollo; hasta ahora este aspecto solo se preveía en los programas de atención a las emergencias.

En 2003, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) ascendió a 69.000 millones de dólares y registró un aumento del 4,8% respecto al año 2002. En porcentaje del ingreso nacional bruto (INB) de los países donantes, tan solo cinco superaron el objetivo del 0,7% fijado por la ONU con respecto al AOD. Fueron: Dinamarca, Luxemburgo, Noruega, los Países Bajos y Suecia. (Fuente: Comité de Ayuda para el Desarrollo, OCDE.)

Según el Informe Mundial sobre Desastres 2006, publicado por la Cruz Roja y la Media Luna Roja, la ayuda humanitaria de donantes occidentales superó los 12.000 millones de dólares en 2005. Esta cantidad es la más elevada desde que se empezó a llevar a cabo el registro. El tsunami ocurrido en el océano Índico en diciembre de 2004 generó donaciones sin precedentes; la recaudación de fondos internacionales superó los 14.000 millones de dólares, y las donaciones de particulares representaron un tercio de esta cifra.
La distribución de la ayuda es desigual. Comparativamente, las aportaciones hechas a raíz de la llamada de la ONU oscilaron entre los tres dólares por beneficiario (caso de Guiana) y los 310 dólares (caso de Sudán). El de los alimentos es el sector más cubierto en relación con las solicitudes, pero los sectores de recuperación económica, refugio, agua y saneamiento, salud y agricultura quedan cubiertos, en términos medios, en menos del 40%.

¿Quién Presta Atención a los Desastres?

Hay muchas entidades que trabajan en la cuantificación de los daños causados por desastres de origen natural; a continuación se mencionan algunas de las más destacadas.

  • Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Creado en 1965, es el organismo que trata de garantizar que se haga un uso lo más eficaz posible de los recursos procedentes de las ayudas de las Naciones Unidas y de la comunidad internacional (PNUD). Está presente en 166 países, utiliza su red mundial para dar apoyo a los programas de las Naciones Unidas y sus asociados con la finalidad de que se cumplan los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y trabaja en la conocida como “Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD)”, plataforma de la ONU que promueve diversas actividades para la reducción de los desastres en los campos socioeconómico, humanitario y de desarrollo (EIRD).
  • Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Con sede en Nairobi, Kenia, es un programa que coordina las actividades relacionadas con el medio ambiente y asiste a los países con la aplicación de políticas medioambientales que favorecen el desarrollo sostenible. Confecciona una base de datos sobre catástrofes, pero solo considera aquellos casos en que se produzcan por lo menos treinta muertes. (UNEP).
  • Oficina del Coordinador de las Naciones Unidas para la Emergencia en casos de Desastres (UNDRO). Punto central en el Sistema de las Naciones Unidas para la atención de las emergencias, particularmente las relativas a los desastres naturales. Moviliza, dirige y coordina las actividades de emergencia de varias agencias de las Naciones Unidas y de otras organizaciones para la Información Internacional de Emergencia (UNIENET). Publica estudios sobre la atención de desastres (UN).
  • Centro de Investigación sobre Epidemiología de los Desastres (CRED), con sede en Bruselas, Bélgica: [hp://www.cred.be Universidad Católica de Lovaina]. Junto con la Oficina de EE. UU. de Asistencia a los Desastres en el Extranjero (OFDA), administran la base de datos de desastres internacionales: Emergency Events Database EM-DAT, con datos desde el año 1900 hasta la actualidad. Esta base de datos incluye los sucesos que se adaptan a la definición estándar de los desastres y que cumplen alguno de los siguientes requisitos: conflictos con más de 10 muertos, más de 100 damnificados, zonas donde se haya declarado el estado de emergencia o con solicitud de ayuda internacional. Prioridad de datos de agencias públicas. El EM-DAT se nutre de fuentes de información externas (informes oficiales, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, otros organismos de auxilio, compañías de seguros, etc.). No tiene en cuenta los sucesos menores en que se den pérdidas relativamente pequeñas. Acceso público, CRED
  • Munich Reinsurance (MUNICH RE), empresa de reaseguros de alcance mundial con sede en Munich (Alemania). Anualmente publica Topics Geo. Annual Review: Natural Castastrophes, donde presenta un estudio estadístico de las catástrofes naturales ocurridas en el mundo. Esta compañía dispone de una base de datos, NatCat SERVICE, desde 1979 hasta la actualidad, en la que se registran los desastres de origen natural que ocasionan pérdidas físicas o materiales; dispone de 15.000 entradas, más unas 700 entradas nuevas al año. Antes de 1980 esta base solo prestaba atención a los grandes sucesos. Prioridad de datos de la lista Lloyd’s, de la agencia Roiters y de los informes de las empresas de seguros. Acceso no público, MUNICH RE.
  • Swiss Reinsurance (SWISS RE), empresa de reaseguros de alcance mundial con sede en Suiza. Esta compañía dispone de una base de datos, D. Sigma, desde 1970 hasta la actualidad, en la que se registran desastres antrópicos y naturales (excepto sequías) en los que se dé alguna de las siguientes condiciones: más de 20 muertos, 50 heridos, 2.000 desalojados, pérdidas aseguradas por valor de más de 14 millones de $ (marinos), más de 28 millones de $ (aviación), más de 35 millones de $ para el resto de los peligros, o unas pérdidas totales mayores de 70 millones de $. Las fuentes de los datos se obtienen de la lista de Lloyd’s, la agencia Roiters, de informes internos y de otras empresas de seguros. Dispone de 7.000 entradas, más unas 300 entradas nuevas al año. Acceso no público, SWISS RE.
  • Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC). Esta entidad publica anualmente, desde el año 1993, el Informe Mundial de Desastres (World Disaster Reporte), en el que se recogen los últimos hechos, análisis y tendencias de las crisis contemporáneas, tanto las naturales como las provocadas por el ser humano.
  • Instituto Worldwatch. Publica anualmente un informe sobre el progreso hacia una sociedad sostenible por medio del libro El estado del mundo. Para la elaboración de esta publicación se han empleado algunos de los datos de la última edición: China e India: estado del mundo 2006. Worldwatch.

La información que generan estas diferentes entidades es asumida por muchos otros centros públicos y privados que la incorporan a sus necesidades para definir estrategias y programas. Entre estos están los siguientes:

  • El Centro Regional de Investigación sobre Desastres en América Latina y el Caribe (CRID), que tiene por objetivo promover el desarrollo de una cultura de prevención de desastres en los países de América Latina y el Caribe, a través de la recopilación y difusión de la información relacionada con los desastres y la promoción de esfuerzos de cooperación para mejorar la gestión del riesgo en la región.
  • El Comité de Asistencia al Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (CAD-OCDE).
  • La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (RED), entidad que desarrolla el Sistema de Inventarios de Desastres para América Latina: DesInventar.
  • El Centro de Coordinación para la Prevención de Desastres Naturales en América Central (CEPREDENAC), organismo regional de carácter intergubernamental que pertenece, como secretaría especializada, al Sistema de Integración Centroamericano (SICA), y que tiene por misión promover actividades, proyectos y programas que lleven a la reducción de los riesgos por desastres que comportan pérdidas humanas y económicas causadas por los factores socionaturales. CEPREDENAC.
  • El Centro Asiático de Preparación para Casos de Desastres, la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO), la Oficina de Asistencia para casos de Desastre al Extranjero de los Estados Unidos, la Red Peri Peri de África Meridional.
  • Y los diversos servicios geológicos nacionales u organismos similares, así como las agencias de protección civil.

¿Quién puede lograr que se reduzca el riesgo ocasionado por los desastres de origen natural? Seguramente, todos, desde los diferentes sectores de la sociedad, jugamos un papel destacado.

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