Urbanización y Jardines. Planificación y Mantenimiento de Jardines: Antecedentes

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[editar] Antecedentes

Sabemos que la arquitectura y la construcción son tan antiguas como el hombre. Ambas se desarrollaron paralelamente a los logros y a la evolución de éste. El hombre primitivo vivía en la caverna, su tipo de vida era nómada y se iba trasladando en busca de su alimento. Más adelante pasó a ser sedentario y su morada fue la choza primitiva; éste es el momento en el que nace la agricultura y la ganadería.

Algunas teorías establecen el nacimiento del jardín paralelamente al desarrollo de la agricultura, actividad que dirigía la mujer ya que en aquel momento la sociedad era netamente matriarcal.

Sin embargo, otros autores consideran que el jardín tuvo un origen distinto, anterior al nacimiento de la agricultura. Para ello se basan en los datos proporcionados por la Biblia. Así en el Génesis 2, se puede leer la donación de las plantas al hombre: “Ahí os doy —dice Yavé— cuantas hierbas de semilla hay sobre la faz de la tierra toda, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que os sirvan de alimento. Plantó luego Yavé Dios un jardín en Edén, al Oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo Yavé brotar... Salía de Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos... Tomó, pues, Yavé Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén...”

Desde la pérdida de este “Jardín”, que forma parte del subconsciente colectivo de algunas civilizaciones, los hombres han ansiado recobrarlo y la imagen del “Paraíso” es lo que inevitablemente se evoca cuando nos imaginamos un lugar ideal. ¿Es esta imagen en la que nos basamos cuando proyectamos una ciudad humana, cómoda y acogedora?

Esta idea que vincula el concepto del Edén, “Paraíso”, con nuestros jardines se ve reforzada al revisar la etimología de la palabra “paraíso” y “jardín”.

El término “paraíso” se forma a partir de la raíz persa “pairidaeza”, cuyo significado es “espacio cercado”; recordemos que según el “Génesis”, el “Paraíso terrenal”, el “Edén” era un espacio de gran extensión, que podía llegar a ocupar hasta una región, pero cercado, tenía un límite y una puerta.

Veamos ahora el origen de la palabra “jardín”. Sus raíces indo-germánicas “gards”, “geard”, “garde”, significan, cierre o espacio cercado.

Algo muy similar es “chortos”, jardín o huerto en griego, que introduce la idea de espacio cerrado. La palabra latina “hortus”, jardín, es muy similar. Recordemos que jardín en inglés se dice “garden” y en alemán “garten”; estos términos entroncan con esta misma idea.

Estos aspectos básicos que hemos ido introduciendo al buscar las raíces etimológicas e históricas nos aproximan a la idea de “jardín”: conjunto de especies vegetales (no tienen por qué ser ornamentales) que subsisten por la presencia del agua; es un lugar de placer y de sosiego, con un cerramiento que lo delimita, separándolo del entorno y todo él ordenado geométricamente, a diferencia de la idea de “desorden” de la propia naturaleza.

Los referenciados aspectos básicos, con aires poéticos, son los que nos introducen en el concepto de jardín que se ha mantenido a lo largo de la historia; con pequeñas variaciones culturales y temporales, y que nos van a servir de fundamento para el curso.

El origen del jardín tiene unas connotaciones filosóficas y poéticas: la imagen del “Paraíso perdido y recuperado” ha sido tratado por la literatura, la pintura, la religión, etc.

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