Urbanización y Jardines. Planificación y Mantenimiento de Jardines: El Jardín a lo largo de la Historia

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[editar] El jardín a lo largo de la historia

En este apartado, y debido a las limitaciones derivadas de la extensión del presente curso, se tratará con carácter general la Historia del Jardín, teniendo presente que su estudio no se debe separar de la Historia de la Arquitectura a la que va íntimamente unida.

Los alumnos que deseen profundizar en este tema pueden consultar la bibliografía que se adjunta en el presente manual.

Ya hemos comentado que el jardín primitivo por excelencia es el Paraíso Terrenal. Además del Génesis, hay muchos otros Libros del Antiguo Testamento en los que se hace referencia a las plantas, a la agricultura, a los bosques, a las maderas preciosas, etc.: Libro de José, Éxodo, Cantar de los Cantares, Samuel, Jeremías,...

Todos hemos oído hablar de los llamados “Jardines Colgantes de Babilonia”, que fueron una de las Maravillas del Mundo Antiguo y de los que existen muchas descripciones de los viajeros de la época. Se atribuyen a la reina Semíramis, pero en realidad fueron construidos por Nabuconodosor II, para disfrute de su esposa Amitis.

Mesopotamia era un país muy llano y la reina echaba de menos los paisajes escarpados de su país de origen. Éste fue el motivo que impulsó la idea de los jardines a base de escalonamientos en terrazas; sus suelos eran enlosados y asfaltados para conseguir la impermeabilidad de los materiales constructivos que contenían la tierra, en la que se plantaban los árboles y las flores. Todo esto se completaba con un sistema de elevación que permitía subir el agua a las zonas más altas (Figura 1).

Uno de los países más secos del mundo era sin duda, el antiguo Egipto. La mayoría de sus tierras eran desérticas y el Nilo, dos veces al año, las inundaba. A causa de las crecidas del río, la delimitación de los terrenos se perdía; ésta se debía recuperar pasadas aquéllas.

Debido a esta situación se desarrolló el estudio de la geometría y estos conocimientos influyeron en la elaboración de sus jardines.

Su composición partía de un estanque rectangular o cuadrado central, rodeado de tierras en cuadrícula, delimitadas por senderos que se cortaban en ángulo recto, dotados de una serie de canales, en comunicación con el río, que llevaban el agua necesaria para las plantas: lotos, papiros, árboles de sombra, frutales y flores.

Los egipcios utilizaban plantas olorosas, incienso y mirra, en la preparación de los ungüentos y perfumes para embalsamar a sus muertos.

Fue una aventura arriesgada la expedición, promovida por la reina Hachtepsut, al reino de Punt (actual Somalia) para traer árboles de mirra, especie que no se habían plantado hasta entonces en Egipto. Los citados árboles se utilizaron en los jardines laterales de las espectaculares rampas que daban acceso a su palacio de Deir el Bahari (Valle de las Reinas, en Lucxor).

Los jardines colgantes de Babilonia. (Reconstrucción de J. Lacam). Fuente: Historia del jardín. German Bazín

Los romanos fueron los que integraron el jardín dentro de su vivienda.

La villa romana, construida alrededor de un estanque, tenía a su vez otra serie de espacios abiertos y ajardinados rodeados por el “peristilo” (columnata). Si éste no existía, el jardín se insertaba en cualquier espacio libre sobrante. Es decir el jardín formaba parte de la vida doméstica de los romanos. Todos estos datos están documentados a través de las pinturas descubiertas en las paredes de las villas de Pompeya, de Herculano, etc. Esta idea del jardín rodeado por un elemento arquitectónico será la base del jardín medieval.

Como dato curioso citaremos que jardinero, en latín, se dice “topiarus”; de aquí ha derivado la palabra “topiaria”, que es el arte de podar los árboles o arbustos con formas caprichosas.

El jardín romano fue el precedente del “hortus conclusus”, de los claustros monásticos. Éstos caracterizan la etapa medieval cristiana.

El claustro, con dos espacios distintos (las arcadas y el jardín) es el elemento que articula el conjunto monástico. Este espacio abierto, donde es imprescindible que exista una canalización de agua que en muchas ocasiones parte del centro y lo divide en cuatro partes, es una consecuencia de la estructura del jardín primitivo que fue el Paraíso. En cada uno de estos cuartos se plantaban especies vegetales distintas: hortalizas que servían de alimento, flores para los altares, plantas olorosas y medicinales, árboles frutales y el ciprés, siempre presente, como símbolo de la espiritualidad. Este mismo esquema se seguía en las construcciones de la mayoría de las órdenes monásticas, tanto en las masculinas: cistercienses, benedictinos,... como en las femeninas: clarisas, concepcionistas,...

Figura 2: Claustro monasterio de San Cugat. Fuente: Enciplopedia “Historia del Arte”. Salvat Editores, S.A.

Asimismo, en los castillos medievales había un pequeño espacio dedicado a jardín, cercado y cubierto con pérgolas a base de parras y rosas trepadoras; una pequeña zona de prado con hierba cuidada y algunos frutales: naranjos y limoneros. Los animales formaban parte del jardín, por donde corrían libremente conejos, liebres, ciervos, etc.

Mientras que en la Europa cristiana existían los jardines anteriormente comentados, los árabes gozaban de un tipo de jardín muy especial, descrito en el Corán, y que resultaba un placer para los sentidos; sus elementos esenciales eran: el aroma de las plantas y el sonido del agua.

Ésta, era también la protagonista de los jardines musulmanes de nuestro país. El agua corría libremente a “cielo abierto”, ornamentada en un cauce de mosaicos, y su presión estaba perfectamente controlada. El jardín y el palacio están perfectamente imbricados.

El juego de las luces y de las sombras es perfecto. Este conjunto está ordenado alrededor del patio, como elemento arquitectónico de origen mediterráneo. La Figura 3, nos ilustra uno de los mejores ejemplos de este tipo de jardín, tanto en España como en el mundo: la Alhambra de Granada.

Pero, por supuesto, no es el único; citaremos los más conocidos: los Jardines de los Reales Alcázares y el Patio de los Naranjos (Catedral) de Sevilla, el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba, etc.

Figura 3: Planta general de la Alhambra de Granada. Fuente: Jardines y sitios históricos. Icomos

Fuera de España, uno de los casos más conocidos es el Jardín de Menara de Marrakech (Marruecos). Está concebido como un gran estanque, que recoge el agua de las montañas del Atlas, en el que se refleja la arquitectura próxima de un pabellón marroquí que preside la composición; todo el conjunto está rodeado de un magnífico olivar.

Sabemos que el Renacimiento fue la época del descubrimiento de la culturas griega y romana, que puso de moda el arte de la “topiaria”, por la que los vegetales se talaban con formas humanas o de animales.

Es a partir del siglo XV cuando el trazado de los jardines se confía a los arquitectos; se busca la continuidad de la casa y el jardín y el equilibrio entre las masas vegetales. Se crean laberintos, estanques y fuentes. Hay espléndidos ejemplos de Villas en Italia, sobre todo en la Toscana: de los Médicis y de los Papas. En Francia renacentistas de la zona del río Loira. Y en España tenemos ejemplos construidos por los reyes de la casa de Austria: Yuste, por del emperador Carlos I, el Escorial por Felipe II, Palacio del Pardo y Casa de Campo de Madrid, etc.

El paso siguiente es el jardín clásico. En éste las características del jardín renacentista llegan a su culminación: el arte del jardín se convierte en una ciencia. El palacio se rodea de espacios aterrazados, cambios de niveles, giros de ángulos, planos inclinados, canales cruzados con puentes, laberintos, etc.

Figura 4: Laberinto de un jardín de recreo. (André Mollet. 1651). Fuente: Historia del jardín. Germán Bazín

Se acondicionan paseos cubiertos con elementos vegetales, parterres y bosquecillos. El agua y las magníficas esculturas de las fuentes son elementos fundamentales en este tipo de jardín. Se conciben espacios misteriosos con grutas; todo ello rodeado de plantas y de árboles que el jardinero recorta y modela a su gusto. Estos espléndidos jardines son creados bajo las órdenes de las monarquías absolutistas y de sus ministros, como símbolo de su gran poder, para el uso y disfrute de la corte. Ejemplos de este tipo de jardín tenemos muchos en toda Europa: La Granja de San Ildefonso en Segovia; los de Aranjuez y de El Escorial (Madrid); Queluz, en las proximidades de Lisboa Versalles, Vaux-le-Vicomte, o Chantill y, en los alrededores de París; Schönbrunn en Viena, etc.

Figura 5: Jardines de La Granja (Segovia)

Posteriormente, con el jardín barroco, se desarrollan al máximo las características del tipo anterior: ejes de simetría, juegos de la perspectiva, amplitud de los diseños, efectos sorprendentes, amplias formas, tendencia a lo monstruoso, abuso de la piedra como elemento decorativo de las fuentes, estatuas, pequeños espacios monumentales a base de exedras, evocaciones mitológicas.

El jardín se utiliza como lugar de reposo, de representaciones teatrales, y sigue siendo el símbolo del poder (Figura 6).

Figura 6:El Trianon, grabado de Poilly. Fuente: Historia del jardín. Germán Bazin

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