La Protección de las Manos en la Construcción

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Los trabajos en la construcción pueden ir desde pequeñas obras a grandes proyectos de ingeniería. Sin embargo, todos tienen un rasgo en común: las malas condiciones de las manos de los trabajadores. Más de un 30% presenta lesiones cutáneas en esta parte del cuerpo, de las cuales una tercera parte son afecciones invalidantes, causantes de baja.


Como cualquier trabajador, el operario de la construcción negligente con el cuidado de las manos deberá afrontar consecuencias desastrosas para su salud, su vida familiar y social y su propia subsistencia. En este artículo se explican las causas de los frecuentes problemas dermatológicos en el sector, así como las medidas profilácticas para impedirlos o subsanarlos.

Contenido

Riesgos generales

Los operarios de la construcción menosprecian las lesiones que acarrea la manipulación de ladrillos, bloques y materiales en general, que provocan el envejecimiento prematuro de la piel. Las superficies abrasivas de los materiales eliminan por el roce la epidermis protectora de la mano. Los bordes ásperos y cortantes de los ladrillos y los bloques pueden provocar cortes y desolladuras en manos y dedos. Las lesiones dérmicas son la puerta de entrada en el organismo de los diversos contaminantes, lo que aumenta las posibilidades de padecer dermatitis.

El polvo de los materiales reduce la humedad natural de la piel, debilitando su potencial protector. Sufren especialmente las consecuencias de este entorno agresivo las yemas de los dedos, ya que constituyen el primer -y más crítico- punto de contacto con los materiales (debido a la elevada sensibilidad de esta parte de la mano). Cualquier herida en el entorno agresivo de la obra puede infectarse fácilmente.

En los trabajos de excavación existe el riesgo derivado de tierras contaminadas. En la proximidad de desagües y aguas fecales está latente el riesgo de enfermedad de Weil (leptospirosis) que se propaga por los orines de los roedores. La manipulación de cables de acero también tiene riesgos y debe hacerse con guantes para evitar el efecto abrasivo o las posibles punciones sobre las manos, con las consecuencias ya citadas.

Otros de los riesgos específicos de la construcción son los siguientes:

Cemento, material cáustico

La construcción moderna no se entendería sin el cemento, uno de los materiales más utilizados, que entraña riesgo químico debido a los materiales que intervienen en su composición (sílice, cal y anhídrido sulfúrico, entre otros). Uno de sus efectos más nocivos es la quemadura, aunque el más frecuente es la reacción alérgica provocada por las sales de cromo. Aparece cuando se ha producido una sensibilización del individuo al alergeno como consecuencia de una exposición prolongada y repetida. Los síntomas son el enrojecimiento, dolor o cuarteamiento de la piel.

Antes de manifestarse, la reacción alérgica puede necesitar años de contacto entre el cemento y la epidermis, pero una vez producida, no existe ningún remedio. Por eso es primordial evitar el contacto del comento con la piel, algo que hoy es perfectamente posible gracias a la existencia de maquinaria pesada que permite el bombeo de este material y evita su manipulación. De todos modos, el problema no siempre puede evitarse así. En los trabajos en que se hace imprescindible el uso de las manos es necesario llevar guantes. Éstos deberán ser de un material adecuado y proteger el antebrazo y la muñeca para evitar las salpicaduras sobre la piel o, aún peor, la penetración dentro del guante.

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Resinas y aceites de desmoldeado

Cuando el hormigón ha fraguado se suelen realizar operaciones complementarias en las que intervienen componentes como la resina epoxi y los aceites de desmoldeado. El contacto de la piel con el endurecedor, peligro que persiste mucho después de que la resina haya tomado consistencia, puede provocar las ya comentadas reacciones alérgicas.

Otro riesgo añadido proviene de la presencia de los aceites de desmoldeado que se impregnan en los encofrados de madera para impedir la adherencia del cemento. Estos aceites pueden bloquear los folículos de los pelos de la mano, ocasionando una foliculitis, afección cutánea que supone una infección de la epidermis y la aparición de granos. Además, los aceites de desmoldeado de encofrados irritan la piel y pueden provocar una dermatitis. Para una correcta higiene es necesario evitar incluso el contacto con vestuario, trapos o materiales que hayan estado en contacto con estos aceites.

Alquitrán y productos bituminosos

Sin ánimo de dramatizar, hay que señalar que en las obras públicas los riesgos higiénicos están omnipresentes. Los más importantes son el alquitrán y los productos bituminosos. En la construcción estos materiales se emplean para reparar, colocar o sellar techumbres. Contienen fenoles que, en contacto con las manos, pueden provocar inflamación, ampollas y el acné imputable a los aceites. La práctica cotidiana de los operarios implica la salpicadura con estos materiales nocivos. Tratándose de productos químicos corrosivos, es primordial llevar guantes que ofrezcan un buen nivel de protección contra productos químicos.

Los riesgos de la madera

El trabajo de la madera en la obra también conlleva riesgos para carpinteros y ebanistas. Estos trabajadores están expuestos a lesiones por el empleo de herramientas como el formón, el cepillo, el martillo, o diferentes tipos de sierras. El pinchazo con una astilla en tejidos vulnerables no sólo causa un daño pasajero, sino que puede provocar una infección. También deberán protegerse del polvo del serrín, que en ocasiones desencadena reacciones alérgicas asmáticas y dermatitis de la piel.

Otros peligros para las manos de los operarios son las colas de unión y productos para la protección de la madera. En todos los casos, se deberá evitar el contacto directo con la piel mediante el empleo de los guantes adecuados a cada actividad y nivel de riesgo.

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el tipo de guantes es

Saber manejar el vidrio

El trabajo con el vidrio y los metales que tienen aristas cortantes supone un riesgo más que evidente para los obreros de la construcción. El desmantelamiento y la retirada de ventanas durante el proceso de demolición, la limpieza del vidrio y metales durante las operaciones de adecentamiento de la obra, o la instalación de ventanas u hojas de metal implican riesgos de corte.

Un corte en plena palma de la mano, donde abundan los vasos sanguíneos, producirá un sangrado abundante. Además, si el corte es profundo puede producirse un seccionamiento de tendones o nervios, con la subsiguiente pérdida de sensibilidad táctil, cuando no de movilidad en los casos más graves.

Un corte poco profundo puede entrañar una infección, ofreciendo a las bacterias presentes en las obras un punto de entrada directa al organismo.

Las fibras de vidrio

Otra de las amenazas proviene de la fibra de vidrio contenida en los paneles de aislamiento que se colocan en las cavidades de los muros. La fibra de vidrio, presente en los rollos de lana de vidrio, puede bombearse o vaporizarse directamente sobre la cavidad. La inhalación de las mismas constituye un serio problema respiratorio, aunque no es éste el tema de este artículo. El riesgo principal para las manos sin protección proviene de las puntas y aristas extremadamente cortantes de las fibras de vidrio, que pueden provocar unas micro-incisiones que dejarán pasar las bacterias u otras sustancias nocivas para el organismo, que a su vez entrañan una infección o, en el mejor de los casos, una irritación de la mano.

Riesgos inherentes a la pintura

Todos los proyectos en fase de conclusión presentan otros peligros para la salud laboral derivados del uso de pinturas. Los materiales de riesgo durante su aplicación son los isocianatos, alérgeno presente en las pinturas a base de aceite que emplean los decoradores, y el formaldehído, que se encuentra en las pinturas de base acuosa. Ambos pueden desencadenar una dermatitis.

En caso de utilización de pistolas, deben adoptarse precauciones suplementarias para evitar que las partículas desprendidas de la pintura entren en contacto directo con la piel. El operario deberá proteger brazos, cara, cuello y, por supuesto, sus valiosas manos, el útil con el que interaccionar en el mundo laboral y en el resto de actividades extra-laborales.

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Trabajar con disolventes y desengrasantes

El aguarrás, también llamado esencia de trementina, es un líquido volátil e incoloro, que se utiliza asiduamente para limpiar los pinceles y eliminar la pintura. Eficaz para disolver las manchas de base oleosa, también puede disolver los aceites naturales de la piel en caso de contacto directo. Este desengrasado de la piel hace vulnerables las manos a los ataques de otros riesgos físicos o químicos, que a su vez desencadenarán una dermatitis o una infección de las pieles lesionadas. El alcance del riesgo es aún mayor, ya que el disolvente puede estar contaminado con las sustancias que ha disuelto (pinturas), en cuyo caso la toxicidad aumenta por la presencia de isocianatos.

Cuando la barrera defensiva de las manos ha sido debilitada por los disolventes o desengrasantes, los isocianatos penetran más fácilmente en la piel y provocan las dermatitis, eso sin contar la toxicidad que, a través de las manos, entra en el organismo y va a parar al caudal sanguíneo.

Barrera al ácido

Los detergentes de composición ácida se emplean para eliminar las manchas de mortero sobre los ladrillos de los muros de obra vista. Es esencial utilizar unos buenos guantes para evitar las quemaduras ácidas y las dermatitis. No todos los guantes son aptos para todo tipo de ácidos, por tanto hay que verificar la clase y el poder del ácido antes de seleccionar la protección adecuada para las manos.

Maquinaria y mantenimiento de material

En la larga lista de peligros para las manos no podemos olvidar las vibraciones emitidas por las máquinas-herramienta y que entrañan afecciones que definiremos brevemente como síncope local de los dedos (síndrome del dedo blanco, por un déficit circulatorio provocado por las vibraciones). El riesgo se minimiza con el uso de guantes que, por su composición (gel o almohadillas de aire) absorben la energía cinética, minimizando su efecto sobre las manos, los brazos y el organismo en general.

La mecanización es una ayuda inestimable para la realización de las tareas más pesadas o penosas. Sin embargo, el mantenimiento regular de este equipo (compresores, vehículos, hormigoneras) comporta un contacto frecuente con aceites minerales y gasóleo, sustancias que son nocivas para la higiene de las manos y para la salud en general.

El aceite mineral elimina la protección natural de la piel, pudiendo llegar a provocar dermatitis y, más excepcionalmente, cáncer de piel. Asimismo, puede causar el denominado acné del aceite, que se manifiesta a través de la oclusión (obstrucción) y posterior infección de los poros de la piel.

También conviene desterrar una práctica muy generalizada: el empleo del gasóleo (u otros combustibles) para lavar las manos, ya que es tan drástico que elimina las grasas de la piel, la reseca y la hace propensa a desarrollar una dermatitis.

Estricta higiene personal

Muchos trabajadores de la construcción sufren problemas cutáneos que no se deben sólo a una protección deficiente, sino también a hábitos muy perjudiciales como, por ejemplo, la utilización de una mezcla arena con cualquier líquido para lavarse las manos, o la limpieza de la piel con la ayuda de solventes que deterioran la protección natural de la epidermis.

Demasiado frecuentemente, los operarios utilizan los guantes para un trabajo específico y después los dejan en la obra hasta que vuelven a necesitarlos. Esta actitud no sólo propicia el riesgo de que diferentes operarios compartan los guantes, sino también que cuando se vuelvan a utilizar los guantes las manos seguramente estarán cubiertas de suciedad, lo que aumenta considerablemente las posibilidades de irritación de la piel. En estos casos, el trabajador puede pensar que los guantes son los responsables de sus problemas cutáneos, existiendo el riesgo de que se abandone su uso. Conviene insistir claramente en que los guantes no deben compartirse con otros trabajadores, ni tampoco dejarse en cualquier sitio de la obra.

La falta de instalaciones para la higiene personal provoca negligencias. La legislación vigente estipula que toda obra debe contar con instalaciones apropiadas para poder lavarse las manos, con agua corriente caliente y fría. Igualmente, los operarios deberán tener a su disposición detergentes especialmente formulados para eliminar toda traza de aceite o de suciedad.

El uso de productos revitalizantes e hidratantes para la piel se convierte en una imperiosa necesidad. Las lociones para después del trabajo (cremas humectantes) deberán usarse con regularidad para que la piel permanezca en buenas condiciones. Cuando las manos han permanecido encerradas dentro del guante durante largos períodos de tiempo, la piel se vuelve porosa y frágil. El uso de una loción ayudará a reparar el daño. Lo ideal es usarla siempre después de haberse lavado las manos.

Inclemencias atmosféricas

Las manos de los albañiles también están expuestas a las condiciones meteorológicas. En verano son atacadas por el sol, y en invierno por las bajas temperaturas y el viento. La lluvia suprime las grasas de la piel. En suma, la barrera protectora de las manos se ve debilitada y la capacidad de recuperación de la piel se hace más lenta, repercutiendo negativamente sobre todas las condiciones ya existentes.

El frío extremo pueden además lesionar las manos de otra manera. La piel desnuda que entra en contacto con una pasarela de andamiaje helada se pegará al metal y se desgarrará. La mano y los dedos entumecidos aumentan el riesgo de accidente, el individuo pierde la sensibilidad de la mano y su capacidad de prensión.

Huelga insistir en que los efectos de los riesgos citados para la salud de las manos se minimizan o eliminan totalmente con el empleo de guantes. La única condición es que se elija el guante adecuado para cada tarea y situación, ya que no existe el guante universal capaz de proteger adecuadamente contra todo tipo de riesgos.

La elección del guante

El profesional encargado de la seguridad evaluará los riesgos a partir de:

a) Identificación de los procesos en el puesto de trabajo
b) Determinación de qué sustancias químicas o mezclas se están utilizando


A partir de dicha información, se procederá a:

  • Identificar los riesgos. Si el riesgo puede reducirse o eliminarse, siempre hay que hacerlo
  • Evaluar el nivel del riesgo. Los guantes, según establece la Directiva 89/686/EEC, se dividen en tres clases: de diseño simple, intermedio y complejo.


El paso siguiente será definir todas las propiedades que ha de reunir el guante que protegerá al trabajador. Entre los principios básicos de elección, habría que destacar los siguientes:

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Aunque no es objeto de este artículo, conviene recordar que, como paso previo a una elección eficaz de un guante, es necesario haber efectuado la evaluación de riesgos del puesto de trabajo.

Finalmente, hay que señalar que no basta con la llamada “prevención de papel”, sino que las medidas de prevención de las dermatosis profesionales implican, por igual, a trabajadores y empresarios. Presentamos un resumen en el siguiente cuadro:

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Geniales periféricos

Cualquiera que sea la función en la obra, las manos sanas son un útil irreemplazable. Permiten asirse firmemente a los andamiajes más difíciles, acarrean ladrillos y bloques y, gracias a su sentido del tacto, corroboran que el acabado superficial de una madera es impecable. Para proteger este preciado bien, corresponde al director de obra asegurarse de que se proporciona el guante adecuado para el trabajo y que se hace un uso correcto del mismo.

La observación de la realidad nos ofrece un panorama diferente al deseable. Los estudios llevados a cabo sobre la materia ponen de relieve que más de dos tercios de los albañiles admiten tener las manos agrietadas como consecuencia de su trabajo, y la mayoría de los guantes empleados no proporcionan un buen grado de protección contra la multiplicidad de riesgos de las obras. Casi un 70% de los trabajadores no cambian sus guantes hasta que éstos están inservibles. Está comprobado que el empleo de guantes adecuados y en buen estado consigue una sustancial mejora de las condiciones de las manos en pocas semanas (4-6) y una mayor rentabilidad de trabajo en caso del uso de guantes sin costuras y de la talla correcta.

Las manos son imprescindibles para trabajar. Su exposición a sustancias nocivas provocará alergias que no tienen curación y que pueden causar la incapacidad laboral de los trabajadores de la construcción. Proteger y cuidar las manos en el entorno laboral es una obligación moral y legal. Ello es posible con el empleo de guantes y la conciencia que deben preservarse pues, además de insustituibles, las manos deben durar toda una vida.

En el campo de la protección de las manos, nuestras empresas proporcionan soluciones y son conscientes de estos problemas, no sólo en la construcción sino en otros sectores de la industria, y dedican todos los esfuerzos a buscar el guante adecuado para cada riesgo. Para ello, ponemos a disposición del especialista documentación técnica, informes que hablan de alergias, y otros recursos como cursos de formación.

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