El Concepto Renovable. Biocarburantes: Perspectiva desde el Punto de Vista de las Petroleras

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Las plantas usan energía solar para convertir CO2 y agua en moléculas orgánicas constituidas por carbono e hidrógeno, y por lo tanto almacenan energía durante su crecimiento.

En el ciclo natural de las plantas las moléculas orgánicas formadas se degradan y vuelven a liberar el CO2 a la atmósfera. Por lo tanto podemos pensar en utilizar la energía acumulada en las plantas no solo en la forma usual (soporte de la vida animal como alimentación) sino para producir energía directamente. De esta forma el CO2 volvería a la atmósfera en los procesos de combustión, siendo por tanto renovable en un periodo de tiempo que depende de la planta utilizada (típicamente un año para cosechas de grano u oleaginosas. O bien de décadas en la madera y sus residuos). En todos los casos en un periodo "humano" de tiempo.

Sin embargo la consideración de renovable solo se podrá aplicar a la cantidad de energía así producida corregida disminuyendo la energía fósil que se requiere (cuando se requiera) para su elaboración.

Igualmente el balance de emisión de GHG debe ser corregido con consideraciones similares.

En resumen solo una porción de la energía producida es renovable y solo una porción del CO2 emitido durante su uso es asimismo renovable. Y esa porción depende de la materia prima utilizada y de la cadena de su producción y utilización.

Como se expresaba en el Libro Verde ya mencionado, la razón última de las iniciativas a favor de los combustibles alternativos son la seguridad estratégica de suministro y la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero (GHG).

Los combustibles alternativos son, en principio una fuente sostenible de energía que desplazará el consumo de derivados del petróleo, y reducirán la emisión de GHG a la atmósfera. Pero para que esto sea así, debemos medir el efecto sobre una base que se ha venido llamando del pozo a la rueda y que es un concepto al que nos referiremos constantemente. Efectivamente cuando hablamos de eficiencia energética o emisión de contaminantes, el vehículo no puede considerarse aisladamente, sino como parte de una cadena que va desde la extracción hasta el uso final. Por eso siguen vivas grandes controversias sobre tecnologías que, siendo eficaces en el vehículo (del tanque a la rueda) son ineficaces en su producción (del pozo al tanque) dando una resultante negativa.

La cantidad de energía que contiene un combustible se mide como poder calorífico.

A este valor debe sustraerse la energía que se requiere durante las etapas de producción, transporte, transformación y distribución.

Para producir combustibles alternativos, muy principalmente en el caso de los biocombustibles, se producen inevitablemente una gran cantidad de otros productos susceptibles de ser utilizados industrialmente (p.ej. como alimento animal) o energéticamente (p.ej. paja como biomasa). Tanto en un caso como en otro estos subproductos podrían sustituir a cantidades equivalentes de productos similares evitando el gasto energético de su producción y transporte lo que significa un crédito adicional para esos combustibles alternativos.

Por otro lado, el balance de GHG puede considerarse una función del balance energético y sigue su misma lógica. Aunque hay otras variables que influyen tales como la naturaleza de sus emisiones en el proceso (en el caso del GN, el CH4 es un gas de efecto invernadero) o tales como el origen de la energía que se requiere para la producción de los combustibles alternativos (si suponemos que usamos electricidad de una térmica de carbón, el crédito de CO2 será mucho mayor que si suponemos que es electricidad de origen eólico).

Además no es el CO2 el único GHG involucrado en el proceso (aunque si el más importante). Además del CH4 ya mencionado, el oxido nitroso (protóxido de nitrógeno) N2O, que se libera por el uso de fertilizantes es unas 300 veces más activo en su efecto GHG que el CO2; por lo que modestos volúmenes de este gas pueden cambiar significativamente los balances calculados.

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