La Respuesta de la Comunidad Internacional: El Protocolo de Kioto, un Paso Pequeño tras Largos Períodos de Negociación

De Construpedia


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Creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)

El primer hito en la respuesta internacional ante la problemática del cambio climático fue la celebración en 1988 de la Conferencia de Toronto, donde científicos y gobiernos de todo el mundo se reunieron para discutir un plan de acción contra el cambio climático.

Los países industrializados aceptaron allí un acuerdo voluntario de reducción de emisiones de dióxido de carbono en un 20% para el año 2005.

Las emisiones han seguido aumentando desde entonces (más de un 15% a nivel global), lo que demuestra, en primer lugar, la poca efectividad de los acuerdos voluntarios y, en segundo lugar, la oportunidad entonces perdida de reducir las consecuencias del cambio climático.

Esta reunión fue crucial para la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un grupo intergubernamental de expertos sobre el tema coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que evaluaría el estado del conocimiento sobre el sistema climático, sus impactos económicos, ambientales y sociales, así como las posibles estrategias de respuesta para apoyar el avance de la convención.

Evaluación del IPCC y Respuestas de la Comunidad Internacional

En 1990 se hizo público el Primer Informe de Evaluación del IPCC, que indicaba que las reducciones necesarias para frenar consecuencias climáticas drásticas deberían ser del orden del 60-80% para final de siglo. Las evidencias encontradas en este primer informe provocaron la negociación del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU.

Como un primer paso, en 1991, los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y los Estados de Europa Central y del Este propusieron reducir sus emisiones de CO2 a los niveles de 1990 para el 2000.

No obstante, la presión de la delegación norteamericana, de la Administración Bush, consiguió que los compromisos que se adoptaron no fueran legalmente vinculantes;

¿Y qué ocurrió?

En el año 2000 el nivel de emisiones de CO2 aumentó el 7,6% respecto 1990.

Durante la Cumbre de la Tierra en 1992, en Río de Janeiro, se abrió el periodo de adhesión a la Convención Marco sobre Cambio Climático (UNFCC), que entraría en vigor dos años más tarde, una vez ratificada por un número suficiente de países.

En 1995 se celebró la 1ª Conferencia de las Partes en Berlín, donde se llegó a la conclusión de que los acuerdos de la UNFCC eran demasiado laxos para conseguir el objetivo de proteger al Planeta del cambio climático, particularmente si no existían acuerdos tras el horizonte del año 2000.

Se comenzó entonces a negociar sobre un nuevo acuerdo con objetivos más altos de reducción y se puso sobre la mesa la propuesta de la Asociación de Pequeños Estados Islas (AOSIS) de una disminución del 20% los valores de 1990 para el 2005.

Aunque la oferta no llegó a “cuajar”, la voluntad política se mostraba prometedora. De hecho, en la 2ª Conferencia de las Partes en Ginebra, Clinton anunció que quería que los compromisos de este protocolo fueran legalmente vinculantes, aunque introdujo por primera vez el concepto de comercio de emisiones.

Sin embargo, cuando llegó el momento de concretar objetivos de reducción en la 3ª Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático celebrada en Kioto en 1997, las posiciones de los principales emisores del mundo industrializado no fueron tan alentadoras.

La UE plateó una reducción del 15% para el 2010; EE.UU., la estabilización para el 2010 y reducción del 5% para el 2015, y Japón defendió una reducción voluntaria del 5% para el 2010 y sólo para tres gases de efecto invernadero.

El liderazgo de la Unión Europea en las negociaciones no fue lo suficientemente firme ante el entorpecimiento de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y las grandes transnacionales de la energía y el automóvil americanas y europeas.

El resultado fue que 39 países se comprometían a limitar sus emisiones de seis gases de efecto invernadero (GEI) un exiguo 5,2% respecto a 1990, que debería alcanzarse en el periodo 2008-2012, con el siguiente balance: la UE en conjunto, un 8%; EE.UU., el 7%; Japón el 6%; la Federación Rusa, Ucrania y Nueva Zelanda sólo deben mantenerlas al nivel de 1990, y algunos países pueden aumentarlas: Noruega en un 1%, Australia en un 8% e Islandia en un 10%.

Fue una reducción escueta que no contemplaba las advertencias que el IPCC hizo en su primer informe de evaluación y que tuvo que superar momentos complicados hasta su ratificación.

El mayor golpe al Protocolo lo protagonizó la retirada de EE.UU., el mayor emisor del Planeta.

Esto obligó a la UE a buscar más signatarios (hasta completar el 55% de las emisiones en 1990), y significaba rebajar el nivel de exigencia del protocolo para facilitar la entrada de los países más recalcitrantes, los países del grupo Paraguas (Canadá, Australia, Japón y Nueva Zelanda).

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