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Contenido

La Paradoja del Desarrollo de la Tecnología

Al considerar la tecnología en el seno de la sociedad actual se manifiesta una curiosa paradoja.

Por un lado, el desarrollo de la tecnología promete una sociedad de la abundancia, la sociedad del crecimiento, la sociedad desarrollada.

Por otro, cada vez es mayor el número de personas que intuyen o experimentan un desencanto creciente provocado por los resultados de la aplicación de la tecnología en muchos campos de la actividad humana.

Aumenta el sentimiento de perplejidad cuando se constata que muchos de los instrumentos concebidos por el cerebro humano y creados por las manos humanas se revuelven contra la humanidad y producen unos resultados tan negativos que hacen peligrar incluso la misma especie.

La tecnología impulsa actividades económicas explotadoras, que generan grandes diferencias de ingresos dentro de cada país y entre los diversos países. La sociedad contemporánea permite actividades económicas destructivas y expoliadoras que han infligido graves daños a la trama natural de la Tierra y a las culturas que en ella se han desarrollado.

La explotación y la contaminación de la Tierra ponen en peligro no sólo la integridad de la atmósfera, el clima, el agua, el suelo, la flora y la fauna de muchos países, sino que también hace peligrar los ciclos naturales de los cuales todos los seres vivos dependemos y de los cuales depende cualquier sociedad humana.

Para comprender cómo se ha llegado a la situación actual es necesario abordar el papel que ha jugado la tecnología en el desarrollo humano.

Qué se Entiende por Tecnología?

Pero, ¿qué se suele entender por tecnología?.

Normalmente se considera tecnología el conjunto de las herramientas y de las máquinas que utiliza una sociedad.

Sin embargo, algunos autores, entre los cuales nos incluimos, proponen que la tecnología incluya no solamente las herramientas y las máquinas, sino también la misma organización del trabajo, que determina los procesos productivos, y la misma organización de la sociedad, que define los procesos sociales.

Toda tecnología induce en el seno de cualquier sociedad organizada todo un conjunto de conceptos, de modelos, de relaciones y de poderes que configuran las formas de dicha sociedad. La tecnología evoluciona escogiendo los rasgos que le permitan interactuar mejor con los poderes establecidos. Por ello no se puede hablar de neutralidad de la técnica.

Se hace preciso, pues, cuestionar tanto la naturaleza de la tecnología que la sociedad industrialista genera como los usos a que se aplica.

La raíz de los problemas creados por la tecnología cabe buscarlos tanto en el diseño de la misma como en el uso que de ella se hace.

¿Cómo se ha Llegado a Esta Situación?

En las sociedades orgánicas primigenias las diferencias entre grupos de distintas edades, de diferentes sexos, etc., así como entre la humanidad y los fenómenos naturales vivos y no vivos, eran contempladas como una unidad de diferencias, o como una unidad en la diversidad, nunca como jerarquías dominantes unas sobre otras.

El concepto de que el hombre tiene por destino dominar la naturaleza no existía (esta concepción surge a lo largo de la historia humana, a medida que unos hombres fueron dominando sobre otros).

Las sociedades orgánicas primigenias se caracterizaban por los siguientes rasgos: una completa igualdad entre individuos, grupos de diferentes edades y sexos; el usufructo y, posteriormente, la reciprocidad; el evitar la coerción cuando se trataba de asuntos internos; el mínimo irreductible, es decir, el inalienable derecho de cada individuo a la alimentación, al cobijo y al vestido, independientemente de la cantidad de trabajo aportado.

¿Cómo eran las sociedades orgánicas?

Eran sociedades espontáneamente formadas, no coercitivas, igualitarias; eran sociedades “naturales” que surgieron de las necesidades humanas de asociación, interdependencia y cuidado.

El fracaso o crisis de las primeras sociedades orgánicas del neolítico marca un viraje decisivo en el desarrollo de la humanidad. Con la supremacía de los ancianos sobre los jóvenes, de los hombres sobre las mujeres, de los chamanes y clérigos sobre los laicos, de unas clases sobre otras y del Estado sobre la sociedad, ha culminado un proceso de jerarquización y dominio que nos ha llevado a la situación actual.

En los largos milenios que separan las primeras comunidades hortícolas de las grandes civilizaciones de la antigüedad, existe el testimonio del surgimiento de pueblos, ciudades y finalmente imperios en los que el control colectivo de la producción fue desbancado por un control elitista, las relaciones de parentesco por relaciones territoriales y de clase, las asambleas populares o consejos de ancianos por burocracias estatales.

Aparición de las clases, el Estado y la jerarquización

Fue mucho más tarde en la historia de la humanidad cuando aparecieron las clases y la explotación económica, seguidas por el Estado y todas sus herramientas burocrático-militares y ejércitos.

El Estado con todos sus cuerpos especializados de funcionarios, burócratas y ejércitos ha permanecido, desde su nacimiento, en un agudo y constante conflicto con todas aquellas formas de asociación colectiva de las que la humanidad se había dotado a lo largo de los tiempos.

La jerarquización y el dominio han invadido campos de la vida humana que son menos materiales y menos tangibles, y han sido interiorizados muy profundamente: supremacía de la actividad mental sobre el trabajo físico, supremacía de la experiencia intelectual sobre la sensualidad, etc.

La visión de la realidad social como diversa y natural que las primeras sociedades orgánicas tenían, ha sido transformada hasta llegar a la mentalidad jerárquica actual que clasifica el menor fenómeno en pirámides mutuamente antagonistas, en torno a las nociones de superior e inferior.

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