Acceso Lento o Nulo. Políticas de Desarrollo Energético Rural

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Según las estadísticas (World Bank, 1996, others ; www.iisd.ca/csd/csd14/), alrededor de 2.000 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a la electricidad y 2.400 millones utilizan biomasa (leña, carbón vegetal, residuos agrícolas, estiércol de ganado y otros; http://siteressources.worldbank.org) para la cocción de alimentos.

En África una proporción muy alta de la población cocina utilizando la biomasa como combustible (más del 80%) y 1.400 millones de personas no cuentan con servicio de agua potable.

No obstante estas cifras y el rol reconocido de la energía para el desarrollo humano, el progreso en el acceso a la energía moderna ha sido lento o nulo durante las últimas décadas. Según algunos informes del Banco Mundial, a pesar de los esfuerzos desplegados por los gobiernos y las organizaciones multilaterales y bilaterales en referencia a la electrificación rural, durante las décadas de los 70 y 80, aproximadamente 480 millones de habitantes rurales accedieron a la energía eléctrica (World Bank, 1996). Sin embargo, durante este mismo período el número de habitantes rurales sin electricidad ha aumentado en aproximadamente 150 millones desde 1970 hasta 1990; es decir, que ni siquiera ha sido posible cubrir su propio crecimiento.

Según la literatura basada en investigaciones de campo, son muy pequeñas las necesidades de las poblaciones pobres, en particular de las rurales, que raramente exceden los 30kWh a 50kWh al mes; según la experiencia de Practical Action (antes ITDG), las cifras pueden ser incluso inferiores. Además, dentro de estas comunidades hay una enorme variedad en la magnitud de las demandas familiares; por ejemplo, en la mayoría de las comunidades de los Andes peruanos, una buena proporción de los usuarios tienen demandas de una sola cifra (en kWh por mes), y del 60% a 70% de los habitantes difícilmente exceden los 20kWh al mes (T. Sánchez, A. Williams, N. Smith, 2006).

Si miramos la demanda desde el punto de vista de la potencia conectada, estudios de campo demuestran también que para la mayoría de las familias rurales la aspiración es tener acceso, al menos, a alumbrado, radio y a veces TV, necesidades básicas que les permiten mejorar el ambiente de su vivienda y crear las condiciones adecuadas, por un lado, para una mejor educación de sus hijos y, por otro, para acceder a la información y a un mínimo entretenimiento.

De aquí, que los sistemas solares sean generalmente aceptados, a pesar de su limitada capacidad de generación eléctrica con respecto a su costo. Como ejemplo de esta limitada capacidad, se puede citar que los sistemas solares de 50W pico (los más populares para la aplicación en zonas rurales) tienen una capacidad de generación sólo de 3 a 5 kWh (según la radiación solar del lugar de aplicación y la eficiencia de los sistemas que se utilicen).

Un estudio de campo, realizado por el autor en los Andes y en la Selva Alta de Perú, demuestra que en aldeas con electricidad, el 100% de la población de una muestra de 14 (7 con micro sistemas diesel y 7 con micro sistemas hidráulicos) utiliza la electricidad para alumbrado, y más del 85% para radio y TV, mientras que difícilmente se encuentran otros usos. En este mismo estudio, a la pregunta:

¿Cuáles son los principales beneficios que percibe de la electricidad?, el más alto porcentaje de los usuarios respondió que fueron las mejores facilidades para la educación de sus hijos, pensando especialmente en la disponibilidad de mayor alumbrado para hacer sus tareas escolares durante la noche; la siguiente respuesta más frecuente fue el logro de una mayor comunicación a través de la radio y TV.

En cuanto a la energía para la cocción de alimentos, como se ha dicho más arriba, la biomasa constituye la fuente energética básica, para una amplia proporción de la población pobre de los países del Sur. En África, amplios sectores de los centros urbanos, incluyendo capitales estatales, aún tienen un alto consumo de biomasa, como fuente principal de energía para la cocción de alimentos. Lo mismo ocurre en algunas partes de Asia y Latinoamérica.

En otros núcleos urbanos de países en desarrollo, aunque los pobres tienen acceso al queroseno y al gas, su costo les resulta tan elevado, que consume buena parte de su presupuesto doméstico. En las zonas rurales, en especial en las más alejadas, casi la totalidad de la población aún depende de la leña, los residuos agrícolas (tallos, ramas, raíces) y el estiércol de ganado para la cocción de alimentos.

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