El sector residencial lleva meses acaparando la atención de economistas, analistas, políticos y medios de comunicación tras una racha interminable, y que de momento persiste, de caídas y pérdidas económicas estrepitosas y de un elevado índice de desempleo en el sector, al que la quiebra de Martinsa ha puesto la guinda.
Durante casi 12 años de crecimiento desbocado y edificación sin freno, acuciada por unos tipos de interés muy atractivos -y que poco tienen que ver con los actuales- se fueron sentando las bases de la llamada burbuja inmobiliaria, responsable de un encarecimiento desmedido de los precios de la vivienda, que tarde o temprano tenía que estallar. Para hacerse una idea, los precios han pasado en 2007 de un crecimiento de entre el 10 y el 15% a un crecimiento inferior al 4%, según el Ministerio de Vivienda. E incluso se empiezan a registrar caídas, tal y como apuntan los datos del segundo trimestre de 2008 que reflejan bajadas de precios del 0,3% y un crecimiento interanual inferior al 2%
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