Placas para los tejados, tuberías, canalizaciones, revestimientos de fachadas, falsos techos, tabiques divisorios y rellenos de calderas o calefacciones. Estos son algunos de los múltiples productos con amianto que desde los años 40 se han utilizado indiscriminadamente en la construcción. Las propiedades aislantes de este mineral lo convirtieron en un magnífico material para la edificación. Pero el amianto, o el asbesto como lo llamaban los romanos, tiene un mortífero doble filo. Si se inhala puede llegar a provocar cáncer. Entre 1940 y 2001, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE,) se levantaron en Galicia casi medio millón de edificios destinados a viviendas. La mayoría, sospechan los sindicatos y la Xunta, guardan todavía el peligroso mineral en su interior.
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