El trasvase del Ebro a Barcelona acordado bilateralmente por el Gobierno central y la Generalitat no es la única solución posible para paliar la fuerte sequía que sufren las cuencas internas de Cataluña. Por mucho que ambas administraciones insistan en vender lo contrario, la transferencia sí tiene alternativas que harían innecesario un proyecto que además de ser ambientalmente insostenible va a costar más de 180 millones de euros.
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