El Mercado de Frutas y Verduras de Arganzuela, en desuso desde los años 70, va a volver a la vida pero con una función muy distinta. Proyectado en 1931 por el entonces arquitecto municipal Francisco Javier Ferrero Llusiá, es el mejor ejemplo del racionalismo madrileño y el primer gran edificio para el que se empleó el hormigón armado en la capital. El Ayuntamiento quiero someterlo a una profunda reforma, en la que se suprimirá su sombrero de metal y su fachada, pero que respetará su esencia: el esqueleto industrial. Albergará el Área de Gobierno de Urbanismo y Vivienda y un rascacielos de 30 plantas, y esperan que se convierta en un icono de la nueva fachada de Madrid.
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