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La Gestión Comunitaria como Concepto

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La gestión por la comunidad tiene diferentes connotaciones en la literatura, por lo que no se diferencia de la participación comunitaria, que ya en 1982 se caracterizaba por una gran variedad de significados: en un extremo, el de la provisión de trabajo gratuito por parte de la comunidad en los proyectos gubernamentales y en el otro, el desarrollo autónomo. Es importante darse cuenta de que esto definitivamente no implica que las comunidades deban ocuparse de todo o pagar los costes totales. La comunidad actúa conjuntamente con las administraciones públicas y posiblemente con el sector privado. La función y el cometido que desarrolla la organización, actuando en nombre de la comunidad, puede así variar considerablemente.


IRC lleva trabajando en la gestión comunitaria más de diez años y, en los últimos años, ha trabajado muy de cerca con otras organizaciones en variedad de temas aumentando la gestión comunitaria y haciéndola más sostenible (http://www.irc.nl/scalingup). Este planteamiento ha llegado al consenso generalizado de que es necesario tratar el tema más allá de proyectos y comunidades individuales para así adoptar un enfoque capaz de dotar de servicios a un área mayor donde se les proporciona a las comunidades apoyo a través de una selección de actores de nivel intermedio.


Otra conclusión es que la gestión comunitaria fundamentalmente trata con dos dimensiones: la del control del sistema (incluyendo asuntos de propiedad, toma de decisiones, establecimiento de tarifas, diseño del sistema, etc.) y la operación y, por otra parte, el mantenimiento. La primera dimensión es importante porque trae consigo el poder de decisión, ya que la segunda puede venir de una serie de actores no comunitarios que trabajan bajo la autoridad de la comunidad. Con estas consideraciones, se esclarece que el papel principal de las agencias intermediarias externas es asistir y respaldar a las comunidades en sus tareas de gestión.


Las comunidades son grupos de personas con intereses e ideas comunes pero también en conflicto y diferentes antecedentes socioeconómicos y culturales. La identidad de la gente de la comunidad está determinada por su historia y sus condiciones socioeconómicas y ambientales. Algunos de ellos, a menudo aquellos que se encuentran en una mejor situación económica, pueden estar mejor informados, pueden saber más sobre el mundo pero, por otro lado, pueden tener cierto interés en mantener su status quo y por lo tanto, quizás no estén dispuestos a resolver algunos problemas. Las mujeres a menudo tienen intereses diferentes a los de los hombres y puede que no hayan sido oídas en el pasado o que su posición les haya dificultado el realizar cambios por sí solas. Hombres, mujeres y niños tienen diferentes necesidades, formas de acceder a los recursos y áreas en las que pueden tomar decisiones. Sin embargo todos tienen el derecho a contribuir equitativamente y beneficiarse de las actividades de desarrollo, haciendo así necesario equilibrar los géneros en actividades de programas, identificación de problemas, resolución de conflictos y gestión conjunta de intereses comunes.


El sistema de suministro de agua podría ser uno de esos intereses comunes, pero al mismo tiempo puede ser una importante fuente de conflicto. Esto nos lleva a la dimensión de la gestión. En su discusión sobre la negociación de recursos, Röling (1994) presenta el concepto de una plataforma para la toma de decisiones, que él define como un punto esencial de interacción social entre las partes implicadas para permitir la toma integral de decisiones sobre un recurso que consideran que necesita ser gestionado. Röling discute que estos actores deben aprender sobre el sistema, ponerse de acuerdo sobre sus límites, compartir conceptos sobre su gestión sostenible, desarrollar indicadores para el éxito y métodos para hacer las cosas visibles. Esto tiene paralelismos muy interesantes con el sector del suministro de agua doméstica, donde las comunidades deben enfrentarse a lo que a menudo es una tecnología ajena, y establecer las estructuras institucionales necesarias (comités del agua) que sirvan como plataformas de gestión y toma de decisiones tanto sobre los sistemas, como de cuestiones más amplias que afecten al recurso del agua y la gestión de la cuenca. Esta plataforma puede también servir como punto de contacto para las agencias del sector, quienes deben involucrarse cada vez más con las comunidades en las negociaciones sobre el servicio que desean. Sin embargo, estas agencias deben aceptar, como dijo Röling, que los implicados necesitan conocer el sistema en todos sus aspectos. Esto implica que no hay arreglos rápidos, sino un proceso de diálogo, creando así oportunidades adecuadas de aprendizaje para todos los involucrados tanto en la comunidad como en las agencias.


La gestión de un sistema de suministro de agua implica realidades técnicas, sociales y financieras que requieren la adopción de un enfoque multidisciplinar. Es importante darse cuenta de que la comunidad puede tener experiencia específica de gestión que podría ser bastante útil (o puede ser perjudicial) para el funcionamiento sostenible de un sistema. Por lo tanto, el enfoque de gestión necesita encajar o fusionarse con la experiencia disponible, y aquellos que asuman la responsabilidad de la futura gestión necesitan tener la oportunidad de experimentar y aprender a dominar las habilidades exigidas. Esto permite a los participantes descubrir su potencial y entender y mirar más allá de sus propias perspectivas. Posibilitar esta libertad para experimentar y aprender no es fácil, especialmente en un ambiente politizado como es el del sector del agua y saneamiento, y que requiere de buenas instalaciones y una variedad de técnicas participativas, así como del entrenamiento de los líderes.


No hay una formula única que defina las aportaciones de diferentes actores en diferentes fases del proyecto, sino que lo que debe esperarse es que el papel del gobierno o de las ONG, que pueden ser los que inicien el proyecto, se reduzca con el tiempo y que el papel de la empresa de agua de la comunidad (comité del agua, asociación de usuarios, empresas privadas subcontratadas, etc.) aumente. Los diferentes actores o sus representantes tienen que llegar a un acuerdo sobre las contribuciones específicas y las responsabilidades futuras. Esto sólo lo pueden hacer sobre las bases de la toma informada de decisiones que principalmente se dirige al nivel de servicio previsto y a la gestión a largo plazo del sistema, siendo aún hoy el punto más débil. La discusión puede incluir posibles extensiones futuras del sistema, no necesariamente en detalle; sin embargo, el concepto básico debería quedar claro.


En esencia la cuestión de la gestión comunitaria sobre los sistemas de suministro de agua se reduce a: ¿Quién gestiona (decide) qué, con qué herramientas y con el apoyo de quién para que la comunidad en su conjunto salga beneficiada?. Para que esto suceda se requiere un ambiente facilitador que realmente apoye la gestión basada en la comunidad:

  • un ambiente propiciatorio que garantice que las comunidades puedan establecer empresas legales para gestionar sus sistemas de suministro de agua y que las decisiones de gestión, por ejemplo el establecimiento de tarifas, puedan ser tomadas por estas empresas
  • la elección de tecnologías en base a los requisitos de operación, mantenimiento y administración, clarificando qué gestión se toma tanto a nivel local como en términos de un posible apoyo por parte del sector privado o el gobierno.
  • asegurar que el nivel de servicios responde a la demanda real de la comunidad
  • asociación genuina entre las agencias y comunidades en la que las percepciones de problemas y soluciones se discutan según los principios de equidad y respeto, valorando del mismo modo el

conocimiento tecnocrático y de la comunidad

  • una toma de decisiones transparente que asegure que pueden realizarse decisiones informadas
  • la aplicación de herramientas prácticas de gestión
  • una institución imparcial que tenga poder autoritario y habilidades para mediar entre la empresa de agua de la comunidad y los usuarios en caso de diferencias de opinión importantes
  • que se acepte un periodo de aprendizaje en el que el entrenamiento y la enseñanza vayan de la mano hasta que las empresas de agua y las comunidades a las que sirven puedan arreglárselas por sí mismas con ayuda institucional limitada.

Basado en Visscher ed., 1997 y Brikke et al., 1997

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