
Menuda la que se ha montado con el Teatro Romano de Sagunto . Ahora va el Tribunal Supremo y obliga a revertir las obras en un plazo máximo de 18 meses. Como si eso fuera tan fácil. Los arquitectos Manuel Portaceli y Giorgio Grassi , ambos autores de la rehabilitación del teatro, no salen de su asombro, y aunque no comparten esta decisión, han anunciado que acatarán la sentencia y devolverán el teatro a su estado original. La polémica intervención abarca la recuperación del frente de escena y parte de las gradas, que habían desaparecido en su totalidad, y la adecuación de los restos existentes, para un uso público y cultural. Lo cierto es que eliminando el frente escénico se despoja a este espacio de su verdadera esencia. Con su reversión se pervierte el sentido de este espacio escénico, que con peor o mejor acierto supieron reconocer los arquitectos en su obra. Parece una tontería, pero el hecho de que el teatro careciera de frente escénico y la singularidad de que estuviera construido aprovechando la ladera de una montaña, puede hacer pensar a incautos y despistados de que en realidad se trata de un teatro griego, ya que estos dos elementos son los que diferencian a ambos espacios escénicos. Por tanto, tampoco está justificado el derribo del frente escénico proyectado por los arquitectos, ya que en ningún caso desvirtúa el monumento como apuntan algunos, sino al revés, le da sentido a este singular espacio escénico de la época romana. Otra cosa es si se podría haber hecho de una u otra forma, pero en todo caso, esta era la más adecuada para Portaceli y Grassi y por tanto se ha de respetar su decisión, abalada en su momento por el gobierno autonómico. Aún recuerdo la que le llovió a Rafael Moneo con la ampliación del Prado.
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