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Custo-Barcelona

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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La obligatoriedad de mantener la fachada de un edificio catalogado como de interés histórico y arquitectónico y el diseño del techo como elemento referencial del proyecto, caracterizan el proyecto de este espacio comercial. Uno de los retos que planteaba el proyecto era conservar su fachada y los elementos de cerramiento originales, como los dos ventanales y la puerta que da acceso al local, que han sido restaurados en su totalidad con la intención de convertirlos en los auténticos escaparates de la tienda. Los dos pilares de hierro fundido existentes en su interior también se han conservado en su integridad, tanto su base como sus capiteles, dejándolos entrever a través de foseados en techo y suelo. Especialmente representativo es el techo, que se inclina desde el punto más alto de la fachada hasta el fondo de la tienda. En él se ha abierto una original espiral irregular con una gran fuerza plástica que confiere identidad propia al local.

En cuanto a materiales se refiere, y siguiendo con la filosofía del proyecto, se ha optado por un pavimento de mortero de cemento continuo en color blanco. Para las paredes, se ha aplicado un estuco al jabón de características mates en color blanco roto, mientras que en las paredes de los probadores, así como en la zona de la caja, se ha optado por azulejos de cristal azul turquesa, aportando la única nota de color al espacio. Asimismo, el autor del proyecto ha diseñado el conjunto del mobiliario, con el fin de dotar de exclusividad a la tienda. Una gran mesa con perchas que bajan desde el techo y cuelgan sobre ella, preside el espacio central y se convierte en un elemento de circulación para el público. El sobre de la mesa está realizado con madera de pino a corte de sierra, y la estructura en DM lacado en el mismo tono que paredes y techo.

El resto del mobiliario está compuesto por un mueble de estantes curvos, también en madera de pino a corte sierra, con estructura de hierro, un mueble para la zona de caja, que sigue e insinúa la curva de la pared, y se ha revestido también con los azulejos de cristal en azul turquesa y el sobre en cristal al ácido. Por último, las barras para colgar las prendas, en acero inoxidable se han diseñado siguiendo las curvas de las paredes, zonificando el espacio y flotando en el ambiente.

Tienda H&M en Barcelona

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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Un establecimiento en el que se fusionan en armonía elementos arquitectónicos de corte neoclásico del emblemático y antiguo edificio de Catalana de Gas, con piezas construidas con lenguaje contemporáneo como la escalera y la cúpula, dos elementos clave de esta reforma cuya misión es la de enfatizar el vacío generado por la escalera central. El cambio de uso del edificio es uno de los condicionantes del proyecto ya que, se ha convertido un espacio destinado a ser la sede de una compañía importante, en una tienda de ropa de moda, dirigida sobre todo, a gente joven amante de las últimas tendencias.

Esto ha implicado afrontar el proyecto intentando conciliar lo “viejo” con lo “nuevo”. El estilo barroco y burgués, dialoga aquí con el estilo pop y contemporáneo. La idea de este proyecto se apoya en la utilización de piezas de puzzle para logar un diseño abierto, generando situaciones dispares que resuelven, invaden o colonizan cada rincón del espacio. Para crear un mobiliario que responda a esta necesidad modular se ha utilizado el metal, que se sobrepone y contrasta con la madera y la piedra originales. En el acceso principal se ha creado una explosión de luz, color y movimiento, a través de pantallas de leds. Este acceso funciona como escaparate, rótulo de la tienda y entrada principal. La comunicación entre interior y exterior, que normalmente se produce a través del escaparate, en este caso pasa a ser una propuesta de carácter virtual ya que, para respetar la fachada, se ha diseñado un logo de proporciones mínimas. Las tres salas nobles, donde antiguamente estaban los despachos de los directivos de Catalana de Gas, situadas en la primera planta del edificio, se han restaurado y se integran en el espacio comercial. En estas tres salas el contraste entre lo nuevo y lo viejo es más evidente, ya que se han conservado las vitrinas de madera, las chimeneas y la tarima de madera original, que conviven en armonía con el nuevo mobiliario de metal. La escalera y la cúpula son dos elementos muy importantes de la reforma.

Se ha enfatizado el hueco, el vacío que genera la escalera por donde viaja la luz procedente de la cúpula que remata el edificio. Este atrio central comunica las tres plantas y permite llevar la luz natural al interior. El cono es una metáfora, una espiral hacia el cielo para captar la luz. En el nuevo escenario del sótano, se integran elementos esculturales que aportan color e identidad al espacio. Una serie de cactus, de formas orgánicas, tapizados con telas de colores vivos salpican el espacio y le dan carácter. El material predominante es el metal, presente en los paneles que recubren la pared, en el mobiliario y en las escaleras, en contraposición a la piedra y los mármoles de la arquitectura original. Los paneles de la pared son de chapa de hierro de cuatro milímetros de espesor, cortada a láser y pintada al horno en color blanco mate.

En los muebles centrales de planta primera, así como en las columnas del sótano, se utiliza chapa del mismo espesor combinada con vidrio laminar con “butilo” de color en las repisas. Los muebles centrales de planta baja son de chapa de fresno teñida de color naranja, dejando la veta a la vista, y chapa de hierro de cuatro milímetros pintada al horno en color blanco mate. Los paneles del techo son igualmente de chapa de hierro pintada al horno en blanco mate. Para los suelos se ha utilizado un pavimento continuo que no precisa juntas, con cementos naturales y cargas minerales de granulometrías de diferentes tamaños. Es un pavimento con una alta resistencia mecánica, superior al hormigón.

Showroom de Cosentino

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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Un espacio innovador con vocación de información, formación, experimentación y diálogo; un punto de encuentro para profesionales del sector donde pueden tener un contacto directo con el producto expuesto en un ambiente caracterzado como “boutique” de la piedra, material objeto de esta intervención comercial. El espacio tiene una superficie de quinientos metros cuadrados repartidos en dos plantas.

La primera de ellas, a nivel de calle, ha sido desarrollada con la intención de albergar la presentación de las novedades y exposiciones de las dos marcas del grupo, mientras que la planta altillo, con acceso por ascensor o escalera, se dedica al tratamiento de ambos materiales, tanto en fachadas ventiladas como en suelos técnicos. Ambas plantas están comunicadas por un gran ventanal que facilita la luz natural obligando a su vez, a que las zonas de proyección se sitúen en las partes traseras de cada nivel.

La idea de este proyecto es dotar al visitante de plena libertad de movimientos en el local y para ello, se ha diseñado un espacio polivalente, neutro, en color blanco tanto a nivel de suelos como en superficies verticales, conteniendo de forma estratégica los diferentes modelos de mármoles, calizas, pizarras, granitos, o “silestones”. El color blanco, aplicado a base de resinas, permite dotar de protagonismo a cada uno de los materiales expuestos mientras que un despiece a base de pletinas de acero negro sirve para exponer todos los materiales de forma integrada, tratando por igual las superficies horizontales y verticales. El carácter del proyecto tiene como objetivo transmitir cierto aspecto industrial, por lo que los techos y paredes posteriores a los paneles expositivos se han mantenido en su estado original de ladrillo, pintado en color negro.

Aberturas estudiadas en el falso techo blanco permiten la aspiración de los conductos de aire acondicionado y la ubicación de diversas alternativas de iluminación escenográfica. El resto de iluminación se soluciona con la instalación de un perfil que, de forma ordenada y relacionada con todo el despiece, otorga una iluminación de forma general a todo el espacio.

La distribución de los espacios, sub-espacios o simplemente ambientes, se consigue desplegando el mismo despiece de módulos blancos delimitados con las chapas o pletinas de acero, de forma vertical, consiguiendo así una zonificación que permite una ordenada circulación del visitante.

Tienda provisional de Santa Eulalia

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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La boutique de lujo Santa Eulalia se ha trasladado a un espacio temporal, contiguo al actual, mientras duren las obras de remodelación del establecimiento original. La nueva tienda ha sido pensada para ser efímera, de ahí que en la concepción del proyecto de interiorismo se hayan tenido en cuenta criterios sostenibles que permitirán en su día una fácil y económica recuperación. La temporalidad de este espacio marca el desarrollo del proyecto.

La nueva tienda ocupa 770 metros cuadrados divididos en seis niveles, estructurados en zigzag. Los niveles superiores están dedicados a la mujer, mientras que los inferiores son para la sección masculina. Al fondo de la tienda, en el primer nivel, un enorme cubo de madera, en el que se alojan las escaleras, da acceso a la sastrería a medida. La entrada a la tienda parte de un gran volumen poliédrico, fabricado con la madera recuperada de antiguos andamios, que permite ver su interior a través de pequeñas ventanas. A la derecha, un enorme escaparate a doble nivel comunica con los pisos inferiores y da profundidad al espacio e iluminación natural a la planta baja. Este piso a nivel de calle alberga también el resto de elementos decorativos y estructurales de la tienda: paredes de ladrillo visto pintadas de blanco, barras de hierro colgadas del techo que sirven de percheros, grandes espejos y elementos de soporte de hierro pulido. Al fondo, una escalera da acceso a los pisos superiores e inferiores. Otro elemento característico de la nueva tienda temporal es un enorme cubo de madera en cuyo interior se ha colocado una escalera que da acceso a la sección de sastrería a medida.

Este espacio ha sido tratado de modo diferente, a partir de suelos enmoquetados en gris, con muebles de madera tintada así mismo en gris y dos vestidores con luz natural que dan a un patio interior de manzana cuidadosamente decorado con jazmín, plantas aromáticas, madera y piedras. El espacio se caracteriza por la utilización de tonalidades neutras, en concreto, blancas para las paredes de ladrillo y las columnas de hierro fundido. Los materiales escogidos son nobles y naturales: madera, piedra y hierro, los cuales, junto con unos paneles alveolares de papel que crean una “piel” envolvente para arropar al producto, confieren al espacio un aspecto efímero a la vez que cálido y sobrio. Para conseguir que el espacio temporal tenga un impacto medioambiental mínimo, se han reducido los residuos durante el proceso de construcción de la tienda, se han utilizado pinturas y colas con bajas emisiones tóxicas, y los materiales utilizados son o bien reciclados o bien reciclables, como los paneles móviles de papel kraft, realizados por la empresa canadiense Molo Design.

Este material permite crear elementos estructurales, como los muros softwall, que se utilizan aquí con el objetivo de delimitar los diferentes espacios El aire acondicionado delimitado por zonas, los vidrios separados por cámaras de gas argón para evitar la pérdida de temperatura interior, el uso de bombillas de baja temperatura y los ciclos cerrados de mobiliario e instalaciones, diseñados para que al final de su vida útil puedan reintroducirse en el ciclo productivo, son otros elementos que se han tenido en cuenta en el diseño de la nueva tienda.

Acondicionamiento de local para pastelería

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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El espacio forma parte del restaurante de la Paninoteca de Sergi Arola, y viene condicionado por las características tipológicas del local que pretende marcar las diferencias con otros modelos de establecimientos de carácter similar.

El hecho de situar el restaurante y los espacios técnicos, como usos principales de este establecimiento necesitados de un mayor aforo, en las áreas de mayores dimensiones y formalmente más regulares, hace que el espacio resultante, objeto de esta intervención, quede estrangulado en una dimensión convirtiéndose en un espacio con largo recorrido y ancho reducido. La solución planteada por los autores de este proyecto pasa por asumir y por lo tanto resolver, los espacios intersticiales de tránsito al restaurante mediante el diseño de piezas longitudinales que albergaran el producto y sirvieran a la vez de orientación y balizamiento del paso forzoso a la sala de Arola y local de venta de producto. Bajo estos rigurosos condicionantes, se han diseñado unos espacios expositivos situados básicamente en dos bandas longitudinales. Ante la imposibilidad de invadir el área central, de paso y venta, se han planteado estos muros como si fueran pieles que se desprenden y superponen unas con otras, una operación exfoliante a modo de milhojas, muy a tenor del objeto de la exposición.

Despegar, albergar y generar tensión, valorando los espacios intersticiales como verdaderos protagonistas de la operación, donde se expone y donde se ubica una orgánica iluminación a base de leds, que potencian la fisura y el desgarro. Dos paredes exfoliadas de negro que se desdoblan permitiendo la exposición y espacios técnicos de acabado de producto.

Para la construcción de estas piezas de carácter fuertemente escultórico y ante la dificultad de encontrar materiales lo suficientemente flexibles y con el desarrollo orgánico requerido, se ha planteado aquí una forma tradicional de construir de los maestros falleros: grandes dogas ligadas con subestructuras y trabadas con la flexibilidad de la “bareta”, tableros de madera longitudinales y con poco grosor que se adaptan perfectamente a la retorcida superficie, que genera la curva provocada por los muros de la exposición.

Un recubrimiento de fibra de poliéster con cola de carpintero y agua endurece la superficie y la prepara para su posterior masillado y sellado con pintura acrílica con base en agua como tratamiento final.

TEA, Tenerife Espacio de las Artes

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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La creación de un volumen compacto, aprovechando su horizontalidad para forzar la penetración diagonal de una rampa que, generando una atractiva plaza triangular, realza el carácter público y multiuso del proyecto, es el planteamiento básico y generatriz de este proyecto. El nuevo TEA se ha convertido en un nuevo y animado lugar para gente de todas las edades e intereses en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife y la forma de lograrlo se puede desprender de la reflexión de los propios autores: “para lograrlo, desarrollamos un concepto arquitectónico en el que las diversas actividades y espacios del centro se fusionan y confluyen entre sí”. Efectivamente, una nueva vía peatonal de carácter público atraviesa diagonalmente el edificio, conectando la parte superior del puente Serrador con la orilla del Barranco de Santos. En su descenso, esta calle interior se amplía, transformándose paulatinamente en un espacio triangular parcialmente cubierto, situado en el mismo corazón del centro cultural. Este singular espacio se convierte así en una nueva plaza pública abierta y accesible a la ciudad. La nueva vida urbana se articula con el café del museo y el restaurante, que ofrecen sus servicios no sólo en el edificio sino también en la plaza o bajo el extenso y umbrío pabellón de árboles existentes en el vecino Barranco. La plaza puede utilizarse también por la noche como cine de verano para la proyección de películas y vídeos en colaboración con el TEA. La función principal de la plaza es la de conducir al público al interior del edificio y proporcionar la máxima claridad direccional en los recorridos internos dado que el hall de entrada está concebido como continuación espacial de la plaza. La rotundidad y la complejidad geométrica, así como el carácter masivo de los cerramientos otorgan una apariencia compacta a la edificación, contrastando con la transparencia de los cerramientos generados mediante rupturas trapezoidales, que a su vez dan lugar a espacios intersticiales que, junto con los lucernarios, iluminan el interior. Uno de los rasgos más característicos del edificio es su fachada de hormigón, abundantemente perforada mediante una serie de orificios formalizados a partir de la imagen “pixelizada” de la superficie marina, que filtran la luz, originando una sorprendente imagen nocturna. El edificio diseñado para el TEA se basa en la tipología de los patios, en su forma y dimensión, así como en su capacidad como elemento estructural del espacio arquitectónico, que, a su vez, establece un diálogo abierto con el vecino Museo de la Naturaleza y el Hombre, antiguo Hospital Civil.. Los patios, de forma alargada, son de gran trascendencia en varios aspectos, proporcionando luz natural, vistas y orientación a los visitantes y usuarios de los espacios del museo

Templo y dependencias parroquiales

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Un prisma de vidrio, encajado en una retícula estructural, capta la luz natural procedente del exterior, en lo que constituye una representación tridimensional y contemporánea de la vidriera tradicional. La organización y formalización de los espacios destinados al culto, con sus connotaciones de representación, expresión y simbolismo de la práctica religiosa, se han resuelto en estrecha relación con las condiciones de forma, topografía, y orientación del solar y con el entorno urbano que lo envuelve. El vértice formado por la “calle diagonal” y el vecino parque, constituye el punto más visible del solar desde cualquier perspectiva de su entorno inmediato, por lo que hacia él confluyen los espacios programados, ordenados fundamentalmente por la orientación del templo, cuya entrada se ubica al Oeste y el altar situado en el extremo Este. Desde la perspectiva del boulevard de Miribilla y de la “calle diagonal”, este vértice ofrece la oportunidad de identificar el nuevo templo dentro del perfil edificatorio existente. Frente a la gran escala de la edificación y a la topografía en pendiente, la elevación del nuevo edificio en ese punto permite su identificación inequívoca dentro del paisaje urbano. A pesar de la austeridad que, en principio, debería de representar un espacio dedicado al culto religioso, se ha pretendido aquí, de forma sutilmente intencionada, singularizar la edificación mediante un elemento capaz de expresar, simbolizar y representar la función religiosa, así como de organizar, articular y caracterizar las cualidades formales y ambientales de su espacio interior. Se trata de un prisma de vidrio, sustentado en una retícula estructural ligera de elementos metálicos, que se inserta entre sus volúmenes más significativos de la edificación, lo cual provoca una hendidura alrededor de la cual se organizan los diferentes espacios interiores. La trama de este prisma, constituida por planos de vidrio, forma un mosaico tridimensional, con diferentes volúmenes y texturas, que capta y colorea la luz natural del Sur y la distribuye hacia el interior en distintas direcciones. Como contrapunto, la fachada Nordeste introduce luces rasantes hacia el suelo a través de una hendidura longitudinal. El resto de las dependencias (despachos parroquiales en planta baja y dependencias parroquiales en planta semisótano) recibe la luz cenital a lo largo de un patio longitudinal de doble altura. En sentido inverso, la luz artificial del interior del edificio ilumina difusamente el prisma, expresando su imagen al exterior y, en particular, hacia el boulevard de Miribilla, convirtiéndose en las horas nocturnas, en un potente icono urbano cuya señalización luminosa y coloreada, cualifica su entorno. El conjunto del templo, la capilla de diario, la sacristía y la capilla penitencial se distribuyen de manera que sus espacios disfrutan de una gran transparencia y continuidad, aún cuando sus envolventes, alturas, texturas y luces tienen características específicas. La posición de la sacristía, en relación con la iglesia y la capilla de diario, facilita la procesión ritual en el interior del templo. El baptisterio, singularizado por una entrada cenital de luz, se ubica en la entrada del templo, en el espacio inmediato al vestíbulo de acogida. Los despachos parroquiales y locales anexos ocupan el resto de la planta baja.

Centro Parroquial en Rivas Vaciamadrid

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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El Centro Parroquial de la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid es un edificio singular revestido en acero cortén que, mediante su agresiva geometría, se impone en su entorno manifestando sin ningún tipo de timidez el carácter religioso y representativo del edificio La forma de la parcela, estrecha y larga, exigía una disposición direccional, como la que finalmente se ha construido, pese a que, como manifiestan los autores: “nosotros pensamos que esos esquemas direccionales no se adecuan a los requerimientos litúrgicos de la actualidad”. Para resolver este inconveniente y en el marco de la reflexión histórica, los arquitectos retoman la idea de Bernini en Sant’Andrea al Quirinale, donde la planta es una elipse en la que el eje menor es el principal y el mayor, el subordinado, forzando también la entrada por el eje menor y colocando en él la sede, el ambón y el altar, concentrando así toda la densidad jerárquica. Un espacio físicamente longitudinal se convertía, de este modo, en un espacio centralizado. Para aprovechar al máximo la superficie construida, se ha desarrollado un edificio continuo que unifica las viviendas de los sacerdotes y el centro parroquial con el templo. La cabeza del edificio explota en unos lucernarios que marcan al exterior el presbiterio, y se convierten en la imagen característica del templo, formando un retablo de gran valor formal. La construcción es muy sencilla: estructura metálica, revestimiento de cortén y trasdosado de pladur. Finalmente se han involucrado en el proyecto una serie de artistas que, de forma desinteresada, han colaborado en el proyecto. José Manuel Ciria ha pintado toda la Capilla del Santísimo, convirtiéndola en un mural que representa la creación del mundo, una obra de un expresionismo heroico pero al tiempo sutil y lleno de matices mientras que Javier Viver, artista especializado en video arte, ha realizado las imágenes de la Virgen y de Santa Mónica, en un estilo figurativo formado por un magma de paños en torsión, que recuerda las propuestas de Bernini para la beata Ludovica Albertoni. El crucifijo es obra de José Luis Sánchez, uno de los escultores que más ha hecho por el arte sacro en España desde los años cincuenta. El Vía Crucis es obra de José Antonio Ramos: catorce cruces de acero, todas diferentes, tratadas con vendas pintadas y el impactante Cristo de la sacristía es del escultor Javier Martínez. Finalmente, el gran altar principal, el ambón, la sede y la pila bautismal han sido pintadas por Fernando Pagola.

Ciudad de la Justicia de Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat

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Autor/es: David Chipperfield Architects. David Chipperfield
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La Ciudad de la Justicia de Barcelona es un ambicioso proyecto, de gran incidencia urbana, cuyo objetivo es la mejora de la administración de justicia, construyendo para ello un complejo programa de nueve edificios de diferentes formas, colores y alturas. Cuatro de los edificios están unidos por un gran atrio, entendido como elemento de circulación, que distribuirá 130 órganos judiciales de instrucción, salas penales y civiles. El resto se destina a actividades judiciales, usos auxiliares y complementarios de la actividad judicial, mientras que uno de ellos tendrá usos complementarios de carácter social y terciario.

Los diferentes departamentos judiciales de la ciudad de Barcelona y de L’Hospitalet de Llobregat se encontraban hasta el momento repartidos en edificios de las dos ciudades, con la lógica consecuencia de una serie de continuos problemas funcionales. La agrupación de todos ellos en una nueva Ciudad de la Justicia redunda en una mayor eficiencia del sistema, permitiendo que los espacios de trabajo se adapten a la constante transformación del órgano judicial y, con un criterio evidente de sostenibilidad funcional, se ha previsto un espacio de reserva que ha de permitir en un futuro, la aparición de posibles ampliaciones. Los diferentes volúmenes se ubican en un espacio situado en el límite de las dos ciudades, en un solar anteriormente ocupado por cuarteles militares, junto a la Gran Vía, una de las principales vías de acceso al centro de Barcelona y la Avenida del Carrilet, una de las principales arterias que conducen al núcleo urbano de L’Hospitalet.

La propuesta más significativa y caracterizadora del proyecto es la de fragmentar su ambicioso programa –de 241.519,92 metros cuadrados de superficie construida– en una serie de edificios separados y a su vez interrelacionados que se disponen sobre un espacio con voluntad de plaza pública. Los edificios se revelan como bloques mesurados, con fachadas portantes de hormigón armado y coloreado. La propuesta, así mismo, pretende equilibrar las diferentes relaciones entre áreas de trabajo, zonas públicas y paisaje. Son cuatro los edificios agrupados en este atrio proyectado con voluntad de “logia”: el edificio A (Juzgados de Instrucción, de Familia), el edificio B (Juzgados Penales), el edificio C (Juzgados de primera Instancia) y el edificio F (Fiscalía y Menores). Un segundo grupo lo forma una serie de edificios, en cierta medida autónomos, que responde a funciones más variadas. Dos de ellos integran un conjunto de dependencias judiciales (edificio G, o Institut de Medicina Legal) y el edificio H (Jutjats de l’Hospitalet de Llobregat). Los edificios J y D se destinan a usos auxiliares y complementarios de la actividad judicial, mientras el I tendrá usos complementarios sociales y terciarios.

El edificio atrio se convierte en el principal espacio público del complejo y tiene carácter de zona de relación y circulación principal de la Ciudad Judicial. Con sólo cuatro alturas, su impacto volumétrico es inferior. Actúa como calle de distribución y filtro de acceso a las dependencias judiciales. Este elemento también permite articular las entradas a la Ciudad de la Justicia y a la vez dotarlas de un espacio de presentación y relación indispensable en un programa de estas características. Las imponentes fachadas, que convierten este conjunto en un auténtico “icono” urbano, son de hormigón coloreado realizado in situ. El pigmento se agrega en la dosificación y no a posteriori, pasando por tanto a formar parte de la masa. Mientras que la textura lisa se advierte en la percepción próxima, el color juega un papel fundamental a escala global.

La diversidad de volúmenes y su tratamiento indiferenciado se ven complementados por la coloración que identifica cada uno de los edificios: son seis colores para ocho edificios. Los pigmentos son básicamente óxidos de hierro salvo el verde, que es óxido de cromo, siendo una de sus características más destacables su gran estabilidad (no varían con el efecto de los rayos UV), siendo a su vez indisolubles e inertes.

IMO Instituto de Microcirugía Ocular

Publicado en On Diseño (ISBN 0210-2080, Edición 2010 (307)) en Enero 2010.
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Autor/es: Josep Llinàs Carmona
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Las características de este proyecto arquitectónico se basan en la propia situación del edificio, en un frágil entorno paisajístico situado en el límite entre ciudad edificada y naturaleza, construyendo una gran cubierta cuya geometría, a modo de topografía artificial, caracteriza su imagen, primando la orientación y unas magníficas vistas. El Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) es una clínica oftalmológica dedicada al tratamiento de las enfermedades oculares, así como a la protección y conservación de la visión.

Este proyecto tiene su origen en un concurso de ideas, realizado en septiembre de 2002, del que resultó ganadora la propuesta presentada por Josep Llinàs. Dada su reciente inauguración, es fácil deducir que los procesos de concepción y de ejecución han sido largos y, probablemente dificultosos, como consecuencia, fundamentalmente, de los diversos ajustes urbanísticos necesarios. Así, desde la propuesta inicial hasta su forma definitiva, el proyecto ha sufrido numerosos cambios, tal y como puede observarse en la serie de maquetas que acompaña a la documentación gráfica, siempre teniendo en cuenta la relación que debía existir entre el edificio y su singular emplazamiento: un solar de fuerte pendiente en la falda de la Sierra de Collserola, orientado hacia la ciudad y el mar, junto a la Ronda de Dalt, límite donde termina la ciudad y empieza el paisaje natural, en una situación que condiciona en gran manera la decisión de utilizar la topografía o las pendientes del sitio como instrumento para definir la morfología del edificio. Se trata de un edificio de más de 22.000 metros cuadrados construidos que incorpora, además del programa específico de clínica oftalmológica (quirófanos, consultas, salas de espera…), áreas no asistenciales, como son aulas, laboratorios, una biblioteca y un salón de actos, además de parking, con la finalidad de fomentar la docencia y la investigación, así como de disponer de unas instalaciones preparadas para acoger cualquier tipo de evento. El salón de actos o auditorio tiene un aforo de hasta 350 personas para eventos especiales, al que se suman otras salas para reuniones: una con capacidad para 50 personas y dos, para 20 cada una.

El acceso desde la calle se realiza a través de una pasarela exterior situada en la fachada principal, protegida por diferentes cubiertas destinadas a matizar la luz solar mientras que la cubierta forma un todo que se pliega en la parte superior y que se estructura con salientes a modo de visera, para proteger de la excesiva insolación a la que está sometida esta fachada. De este modo, se produce una graduación solar matizada de cara a proporcionar un incremento paulatino de confort a los usuarios de este edificio. Bajo este umbráculo, se ha desarrollado un espacio aterrazado con áreas ajardinadas.